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Cambios

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'''Observaciones:''' A principios del Setecientos, aún quedaban dos huecos libres en la embocadura de la capilla, justo por encima de las esculturas de Adán y Eva, en el arranque del arco toral. Precisamenteen este tiempo, estos Estos espacios fueron cubiertos con unas pinturas de Santiago y San Cecilio, aún indocumentadas, pero que responden claramente al estilo de Risueño y que ya le fueron atribuidas por el académico Fernando Marín a finales del XVIII. Sánchez-Mesa los estima obras de entre 1705 y 1710. En efecto, estos lienzos no deben de ser anteriores a 1704, año en que había vuelto de Roma el arcipreste delSagrario, don José Eugenio de Luque, tras haber tramitado ante Clemente XI el «nuevo rezo» de san Cecilio. Después del escándalo de las reliquias del Sacromonte, la existencia del mítico fundador de la mitra granadina había sido más que cuestionada, y es precisamente en este momento cuando, tras la sanción pontificia, su culto recobrará fuerza y nuevamente se recurrirá al arte para hacer propaganda de su figura. Además, la inclusión, ya tardía, de un santo local en el programa iconográfico de la capilla mayor, venía a satisfacer una demanda que se remontaba un siglo atrás, cuando el cabildo quiso incluir una serie de santos sacromontanos en lugar del apostolado. El primer obispo de Ilíberis hace pareja con el apóstol Santiago, su supuesto mentor. 
En ambos lienzos, de formato casi cuadrado, se insertan los santos en unos fingidos cubículos que prolongan el espacio real de la capilla