Tiziano Vecelio di Gregorio

De Diccionario Interactivo Ceán Bermúdez
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Tiziano Vecelio di Gregorio
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Especialidad Pintor
Nacimiento h.1490 Pieve di Cadore ( Vento, Italia)
Fallecimiento 1576 Venecia (Italia)
Cronología XV-XVI
Ciudad de trabajo Madrid, Toledo (Castilla la Mancha) El Escorial, Aranjuez (Comunidad de Madrid) Roma, la Granja, Zamora (Segovia,Castilla y León),
Ubicación en el diccionario Tomo 5, Página 24, Letra Letra T, Grupo Grupo TI
Referencia bibliográfica *C. Hope, "Museo del Prado", en Tiziano Vecellio di Gregorio. Accesible en: https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/tiziano-vecellio-di-gregorio/482f79ee-aaea-4c3c-907b-305de794f85a (consultado en 28/01/2022)


Ticiano Vecelio, pintor, príncipe del colorido y el más puntual imitador de la naturaleza en esta parte, que ha habido en Europa. España se gloria de haber estado en su corte y haberla enriquecido con sus obras. Nació el año de 1477 en la pequeña villa de Pieva de Cadora en los confines del Friuli, cabeza de las siete que componen la provincia del Cadorin en los estados de Venecia, por lo que se llamó de Cador. Sus padres eran de la ilustre y antigua familia de Vecelli, de la que fue también san Tiziano, obispo de Odezzo, según la común tradición del país.

A los diez años de edad fue llevado a Venecia a casa de un tío suyo, y como descubría inclinación y buena disposiciones para la pintura, le puso en la escuela de Juan Belino, el pintor más famoso que había en aquella capital. El genio y la aplicación produjeron extraordinarios progresos, pues a los veinte años ya Andrea Zuchi había grabado la estampa del triunfo de la fe por invención y dibujo de Tiziano, que le dio mucha reputación por las excelentes figuras que contiene de patriarcas, profetas, apóstoles, mártires, confesores y vírgenes.

Viendo en 507 que su condiscípulo Giorgione de Castel Franco daba más relieve morbidez a sus obras, procuró imitarle, y lo consiguió con tanta perfección, que no se distinguían las pinturas de los dos. Envidioso el Giorgione de su habilidad, le echó de su casa, y vivieron enemistados hasta la muerte de este, acaecida en 511, dejando a Tiziano libre el campo de la fama y reputación en Venecia. Inmediatamente fue buscado para pintar un pórtico en Vincencia, el palacio Grimani en Venecia, y algunos pasajes de la vida de san Antonio en su iglesia de Padua. El senado le nombró para que acabase lo que Juan Belino había dejado por concluir en la gran sala del consejo, señalándole 300 escudos anuales sobre un oficio llamado la Sensería, que según antigua costumbre se confería al mejor pintor de la república con la obligación de retratar al dux para colocarle en el palacio de San Marcos.

En 514 concluyó un bacanal para Alfonso, duque de Ferrara, que su maestro había dejado en bosquejo, y le pintó otros [ cuadros ] dos, que admiraron a los inteligentes. Hízole también su retrato [ Alfonso, duque de Ferrara ] y el de Laura [ duquesa de Ferrara ], con quien se casó después el duque, los que por muy parecidos y bien pintados fueron satisfechos con generosidad, y los grabó [ estampa ] más adelante Gil Sadeler. Finalmente le pintó el famoso Cristo de la moneta, que de la galería de este príncipe pasó a la del elector de Sajonia, y si no existe en ella podrá ser el mismo que esta en la sacristía del Escorial, bien que Tiziano acostumbraba repetir [ copias ] sus mejores obras, particularmente cuando estaban pintadas en cuadros de caballete, como este. En Ferrara contrajo por aquel tiempo estrecha amistad con el Ariosto, a quien retrató en premio de las honras que le había hecho con sus versos en el Orlando furioso. Pintó en 516 el gran lienzo de la asunción de la Virgen con los apóstoles en primer término para el altar mayor de los padres conventuales de Venecia y otros muchos [ cuadros ] para varios templos de aquella capital, de los que hay estampas muy buscadas y grabadas por Valentino de la Febre, Andrea Andrani, Martín Rota, Antonio Masson, Andrea Zucchi, Cornelio Cort, los Sadelers y por otros antiguos y correctos grabadores.

Como se desease en Roma conocer a Tiziano, el cardenal Bembo, secretario de León X, le escribió convidándole a que pasase a aquella capital a pintar para S.S. Dilató algún tiempo por sus ocupaciones este viaje, que deseaba hacer por besar el pie al Papa y por abrazar a Rafael de Urbino; pero habiendo fallecido estos dos personajes, le suspendió para más adelante, y envió algunas pinturas [ cuadros ] de su mano para Santa María la mayor y para otros templos. En esta época retrató al príncipe Grimani, al Loredano y a Francisco I, rey de Francia, cuando volvía de Italia a París; y en 523 al dux Andrea Gritti, que fue su gran amigo y protector, y quien para sacarle de un mediano pasar en que vivía, dispuso que pintase en la gran sala del consejo la batalla de Cador entre los Venecianos y los imperiales. Obra de gran consideración y de mucha utilidad para su autor, la que pereció en un incendio, pero hay estampa grabada por Fontana. La que le dio entonces más reputación fue el célebre san Pedro mártir que esta en la iglesia de San Juan y San Pablo de Venecia, cuyo boceto conserva en Madrid el señor don Juan Ignacio Ayestarán por muerte del señor don Manuel de Roda.

Habiéndose retirado a Venecia el célebre Pedro Aretino huyendo del saqueo de Roma, trabó estrecha amistad con Tiziano, y con sus elogios le hizo conocer de los sabios y príncipes de Europa, siendo el instrumento de su fortuna. En 530 le proporcionó pasar a Bolonia a retratar al emperador Carlos V cuando estuvo a coronarse por el Papa Clemente VII. Le pintó en efecto en el mismo traje y disposición que había entrado armado en aquella ciudad, y salió el retrato tan a gusto de S. M. que mandó darle 1,000 escudos.

Cuando Tiziano volvió a Venecia halló al Pordenone con gran protección de los caballeros de aquella república, y como que quería disputarle la primacía en la pintura; pero habiendo trabajado con él en la iglesia de San Juan el Limosnero, quedó muy atrás el mérito de su rival. Pintó entonces una Anunciación para la iglesia de Santa María de los Ángeles en Murano, y no queriendo darle más que 500 ducados el que se la habla encargado, por consejo del Aretino la regaló al Emperador, que la estimó mucho y mandó darle 2,000. Es el mismo cuadro que había en la capilla antigua de Aranjuez y permanece en aquel palacio.

Volvió a retratar a Carlos V en Bolonia el año de 32 a cuando regresaba de Hungría entonces hizo los del cardenal Hipólito de Médicis, del marques del Vasto, de Antonio de Leiva y el de Aretino. Este su verdadero amigo en recompensa le ingirió con el duque de Mantua, quien le condujo a su palacio, dónde le pintó su retrato, el de su hermano el cardenal y doce cabezas de los cesares que grabó después Gíl Sadelers, cuyas estampas son en el día muy raras.

Don Antonio Palomino, refiriéndose al caballero Carlos Ridolfi, asegura que Tiziano vino a España el año de 1548, llamado por el Emperador, y que estuvo en su corte hasta el de 53 en que S. M. le creó conde Palatino en Barcelona, bien que Ridolfi dice que pasó a la corte imperial, sin explicar si estaba esta en España, Alemania o en los Países Bajos: mas la fecha en Barcelona del título de conde Palatino manifiesta que era en España. Pero siendo indubitable, según el testimonio del cronista fray Prudencio de Sandoval, de Leti, de Robertson y de otros que escribieron la vida de Carlos V, que en esté período andaba el César por Augusta; Bruselas y otras ciudades de los Países Bajos y de la Bohemia en la guerra de Alemania contra los protestantes, con cuyo objeto había salido de Barcelona el día primero de mayo de 542; y siendo también cierto que no volvió a España hasta el de 556, después de haber renunciado el imperio y el reino, para encerrarse en el monasterio de Yuste, se deduce ser falsa la época de la venida y permanencia de Tiziano en España que señala Palomino.

Por estos datos infieren algunos que aquel pintor no vino a este reino, sino que pasó a los Países Bajos donde el Emperador tenía su corte el año de 548. Pero cotejadas las fechas de los viajes, empresas y victorias de Carlos V con las de los viajes y obras del Tiziano, resulta que este vino a España poco tiempo después de haber pintado en Bolonia el segundo retrato del Emperador [ Carlos V ], quien también vino entonces y permaneció en el reino hasta el día 30 de mayo de 1535, que se embarcó en Barcelona para ir contra Barbarroja, en cuyo año creemos se haya restituido Tiziano a Italia.

Tres razones poderosas fijan esta época de su residencia en España: 1.ª que en 532 y en principio de 33, en que suponemos haber venido, tenía este profesor cincuenta cuatro o cincuenta y cinco años de edad más proporcionada para emprender un viaje tan incómodo, que la de setenta y uno que tendría si hubiese venido en el de 548, como dice Palomino. 2.ª que siendo cierto el haber retratado a la emperatriz [ Isabel de Portugal ], como lo es, respecto de que Argote de Molina asegura en el libro De la montería del rey don Alonso, que el año de 1582 existía su retrato pintado por Tiziano en la sala de los retratos del palacio del Pardo entre cuarenta y siete de príncipes, damas y caballeros, de mano de otros grandes pintores, no pudo Tiziano haberle hecho sino en España, donde permaneció esta señora hasta el año de 538 en que falleció. Y la 3.ª esta fundada en el mismo título de conde Palatino, fecho en Barcelona el año de 553, cuando el Emperador residía en Bruselas. ¿Que cosa, pues, más natural y expuesta a equivocarse, que haber cambiado el escribiente de Ridolfi el 35 en 53 cuando copió la fecha del título? No pudo dejar de ser así, supuesto que Carlos V estaba en Barcelona el año de 535 y en Bruselas el de 53, como hemos dicho.

Luego que Tiziano llegó a España retrató tercera vez al Emperador [ Carlos V ], quien mandó darle otros mil escudos. Presentó a S. M. varías obras [ cuadros ] de su mano: pintó otras y el retrato de la emperatriz [ Isabel de Portugal ]. El César le señaló dos pensiones sobre los estados de Milán: le armó caballero: le creó conde Palatino y mandó que nadie le retratase en adelante, pues que tres veces había recibido la inmortalidad de mano de Tiziano.

Don Cristóbal de Ontañón, ayuda de cámara de Carlos II, y sujeto muy conocido en la corte por su afición e inteligencia en la pintura, refiere en una declaración que dio a fines del siglo XVII sobre el pleito del soldado, un pasaje que no debemos omitir. Dice, pues, que para cortar Carlos V una disputa que se había suscitado a su presencia entre los grandes de España y Tiziano sobre la nobleza del arte de la pintura, le mandó traer la tablilla y pinceles para retocar un cuando que estaba colocado sobre la puerta de la pieza en que se hallaban. Obedeció al momento, y expuso que sin andamio no alcanzaba a pintarle. Echó mano el Emperador de una mesa que estaba inmediata, ayudándole los grandes a ponerla en sitio proporcionado, y le dijo, sobre esta alcanzareis. Subióse el pintor sobre ella, y como tampoco alcanzase, tomando el César el bufete por una esquina, le dijo: yo haré que alcancéis; y añadió a los grandes que estaban del otro lado: levantad, que todos debemos levantar a un hombre tan grande y tenerle en palmas, y dar á esta sciencia y arte el ser emperadora de todas. No quedaron muy contentos los magnates, y desde entonces miraron con envidia y odio a Tiziano; ni faltó quien se atreviese a insinuar al Emperador cuanto se notaba en la corte la familiaridad que tenía con el pintor prefiriéndole a los príncipes; a lo que respondió S. M.: Hay muchos príncipes, y Tiziano es uno solo. Visitábale frecuentemente en su obrador a verle pintar; y como en una de estas visitas se le hubiese caído un pincel en el suelo, el Emperador le cogió al momento. Tiziano al ver esta acción, se arrojó inmediatamente a sus pies, diciendo: Sire, non merita cotanto honore un servo suo; y S. M. le respondió: E degno Tiziano essère servito da Cesare.

Es muy difícil señalar los lienzos [ cuadros ] que pintó en España, por estar confundidos con los [ cuadros ] que hizo después para Felipe II, con los [ cuadros ] que regalaron a Felipe IV, y con los [ cuadros ] que se compraron en la almoneda del desgraciado rey de Inglaterra, que, componen una parte de la gran colección que posee el rey en los palacios de Madrid, Aranjuez y san Ildefonso, y que hay en el real monasterio del Escorial, sin contar los que se quemaron en el antiguo Alcázar de Madrid y en el del Pardo. Argote de Molina en el citado libro de la Montería dice que había en el palacio del Pardo el año de 582 las pinturas siguientes de mano de Tiziano: en la primera sala alta la que representaba a Júpiter convertido en sátiro, contemplando la hermosura de Antíope dormida; y en la sala de los retratos entre los cuarenta y siete con que estaba adornada, eran de este profesor los de Carlos V y su mujer [ Isabel de Portugal ], los de Felipe II, de Enmanuel Filiberto duque de Saboya, de don Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, el del mismo [ autorretrato de Tiziano, que tenia en la mano otro de Felipe II, los de Mauricio, duque de Gleves, de Joan Federico, duque de Sajonia, de la duquesa de Lorena, y el de la condesa palatina del Rhin.

Desde Barcelona volvió Tiziano a Italia el año de 535, como demostramos arriba; y después de haber observado las principales obras de las bellas artes en las ciudades en que estuvo, se retiró a su casa de Venecia a gozar de la tranquilidad y compartía de su familia y amigos, pintando para el público y para los particulares. En 543 pasó a Ferrara a besar el pie de Paulo III: le retrató entonces, y tuvo necesidad de condescender a las instancias del cardenal Sforza, repitiendo el mismo retrato, por el que se sacaron después muchas copias [ del retrato de cardenal Sforza ] en Roma. Por este tiempo hizo el del duque de Urbino, y para su palacio los de otros príncipes, incluso el de Solimán, emperador de los turcos. Y restituido a Venecia, concluyó muchas obras que tenía principiadas, y los retratos del duque de Alba y de don Diego de Mendoza, que a la sazón se hallaba en aquella corte de embajador de España.

Paulo III, que había quedado enamorado del pincel de Tiziano, le hizo llamar a Roma el año de 548 por medio del cardenal Farnesio, quien encargó a Jorge [ Giorgio ] Vasari le acompañase a ver todo lo mejor que había de las ellas artes en aquella capital. Se le señaló cuarto en el palacio de Belvedere, en el que volvió a retratar a S.B. [ Paulo III ] de cuerpo entero, y pintó los del duque Octavio y del cardenal Farnesio, que fueron la admiración de Roma. No fue poca la que tuvo Miguel Ángel Buonaroti, cuando yendo a visitarle con Vasari, le halló pintando la célebre Danae, y al paso que le sorprendió el colorido, se condolió de que no se hubiese dedicado a dibujar con más exactitud. También pintó allí una Venus y Adonis para el palacio Farnesio, y para S.S. un Eccehomo, que se colocó en su dormitorio. El Papa le llenó de honras y dadivas propias de su munificencia, y confirió a un hijo suyo la mitra del obispado de Ceneda, que el padre no le permitió aceptar, exponiendo que no tenía el mérito correspondiente a tan grave peso. Y deseando S.S. que Tiziano se quedase en Roma, le ofreció el empleo de Fratel del Piombo, vacante por muerte de fray Sebastián, que tampoco admitió, excusándose con su avanzada edad, y con el deseo que tenía de volver a su casa a pasar dulcemente con sus amigos los días que le restaban de vida. El papa tuvo que acceder a sus súplicas, y Tiziano se volvió muy contento a Venecia.

Allí comenzó la correspondencia con Felipe II, que estaba en Flandes, sobre varías pinturas [ cuadros ] que le había encargado; y consta de una, carta que escribió S. M. al gobernador de Milán con fecha de 25 de diciembre de 558, que mandó se le pagase lo que tenía devengado de las dos pensiones señaladas por su padre el emperador; y dice Vasari, que le añadió otros 200 ducados, que con los 300 escudos que gozaba por la república de Venecia, componían una renta muy decente para vivir como un príncipe, además de las cuantiosas gratificaciones de tantos personajes que había retratado, y del premio de sus muchas y grandes obras públicas. En efecto, se portaba con esplendor y magnificencia; visitado de cardenales, embajadores, títulos q de otros grandes señores que frecuentaban su mesa. Enrique III a su vuelta de Polonia, no quiso salir de Venecia sin conocerle; y a este fin se fue a su casa, en la que le recibió Tiziano con todo el respeto y aparato que correspondía a tan alto sujeto y a tan distinguido honor. Le enseñó su gabinete y todas las pinturas que conservaba de su mano; y al retirarse le presentó aquellas que el rey había celebrado más: las aceptó S. M. y le remuneró con grandes sumas.

Así llegó a su vejez colmado de honores, riqueza comodidad, pero siempre pintando, lo que hacía muy mal en sus últimos años por la falta de vista y de pulso. Si sus discípulos no hubiesen tenido la precaución de prepararle los colores con aceite de olivo, que nunca o muy tarde se seca, hubiera echado a perder gran parte de sus mejores obras, pues había dado en la manía de retocarlas; pera luego que acababa esta operación, los discípulos borraban todo lo que había trabajado, sin que él lo notase. Falleció en Venecia a los noventa y nueve años de edad el de 576, cuando estaba contaminada la ciudad de peste; y aunque el senado tenía prohibidos con este motivo los entierros públicos, fue sepultado con gran pompa y acompañamiento de profesores y de ilustres personajes. en la iglesia Dei Fratri, en la que se levantó un suntuoso catafalco.

Todos convienen en que Tiziano es el príncipe del colorido sobre cuantos pintores ha habido en Europa, aunque con variedad de estilo. Los cuadros que pintó imitando a Belino son duros, y algún tanto mezquinas las formas de sus figuras: los que hizo siguiendo la manera de Giorgione tienen más fuerza y carácter; pero los que pintó después son mejor gusto y una exacta imitación de la naturaleza. Con todo aun en estos se nota desigualdad en el dibujo; pues aunque supo diseñar mejor que ningún otro Veneciano, por no medicar ni examinar cada parte de por sí, contentandose con el efecto del todo junto, cayó algunas veces en defectos e incorrecciones, que supo ocultar a ojos no muy perspicaces con la hermosura del colorido, a lo que también contribuyó la vanidad de pintar de repente sin trazar ni dibujar antes, como se debe.

También convienen todos en que fue el inventor del buen colorido hasta el punto de lo ideal y filosófico, mas con tanta facilidad, que expresaba con muy poco trabajo lo que otros grandes maestros no han podido hacer con mucho estudio y detención. Nadie mejor ni tan bien como él conoció los colores del prisma y sus efectos: los combinó con tal prudencia, gusto y armonía, a pesar de los toques vigorosos, que parece imposible que con el estudio y el trabajo se pueda llegar a igualarle sin un don particular del cielo. Preguntole un día don Francisco de Vargas; embajador de Carlos V en Venecia, según refiere Antonio Pérez en sus cartas, por que pintaba con tanta fuerza, y no seguía el estilo concluido de los buenos maestros de su tiempo; a lo que respondió, “Temo no poder llegar a la suma delicadeza de Corregio y de Rafael; y aun cuando los igualase, siempre pasaría por inferior a ellos, a causa de haberlos imitado. La ambición natural de todos en las bellas artes me descubrió un camino nuevo, en el que puedo hacerme célebre, como ellos lograron serlo en la ruta que han seguido." Y en efecto lo consiguió.

Como puntual imitador de la naturaleza no tuvo quien le compitiese en los retratos, cuyas tintas sanguíneas los hacían equivocar con sus mismos originales, particularmente los de mujeres y niños, que copió muchas veces el gran Pousin. Tampoco tuvo quien le igualase en los países [ paisajes ] por su frescura y amenidad inimitable, ni en los terciopelos, ni en otras ricas telas y brocados con que adornaba los retratos de los personajes. Pero hubo muchos que le excedieron en la composición que era algunas veces simétrica y monótona.

Su estudio estaba abierto a los discípulos a todas horas, adonde concurrían a copiar sus obras, y tocando él después las copias, pasaban por originales. De aquí es también el haber tantas repeticiones de sus mejores cuadros, que corren con la estimación de originales. Los discípulos más adelantados que salieron de su escuela fueron: Francisco Vecelli su hermano, Horacio Vecelli su hijo, Jerónimo Tiziano, Marco Vecelli su sobrino, el Tintorero, Paris Bordone, Juan Calker, que grabó por dibujos de su maestro la anatomía del Vesalio, Jacobo Palma el viejo, Nadalino de Murano, Damiano Mazza, fray Sebastian del Piombo, Juan Fiamingo o el flamenco, y otros, incluso Cornelio Coort, que grabó [ estampas ] parte de sus mejores obras en casa del mismo Tiziano.

Como vivió tantos años, de ningún pintor se hallan tantos cuadros como de este. No hay colección de príncipes o de grandes señores en que no se encuentre alguno; y aunque en tanta abundancia, siempre son muy estimados y se pagan a gran precio. Es imposible, ni a nosotros pertenece, el decir los que hay de su mano en toda Europa; nos contentaremos con señalar los públicos que existen en España, y son los siguientes:

ARANJUEZ

Palacio

-La anunciación de [ la Virgen ] nuestra señora, de que ya hemos hablado, retocada por Jordán [ Giordano ] el año de 1698.


MADRID

Palacio Nuevo [ Palacio Real ]

-Dos cuadros grandes que representan los suplicios de Sísifo y [ suplicio de ] Prometeo: cuatro retratos de mujeres de medio cuerpo, otros tantos [ retratos ] de hombres, entre ellos uno de Tiziano [ autorretrato de Ticiano, que tenía en la mano otro de Felipe II ], y el de un niño de cuerpo entero: dos lienzos con figuras de medio cuerpo, representa el uno a Venus vendando los ojos a un Cupidillo [ cupido ], con otro [ cupido ] recostado sobre el hombro, delante esta la abundancia, y detrás un sátiro y un bacanal, y el otro representa también a Venus entregando un vaso a una mujer, con un amorcillo recostado sobre el hombro de la diosa, y dos sátiros con canastillos de frutas: otra Venus mirándose al espejo que representa el amor: Adán y Eva del tamaño natural en un cuadro: tres retratos de sujetos [ personajes ] desconocidos: el gran lienzo que representa a Felipe II con su hijo recién nacido en los brazos ofreciéndole la fama, la que baja de lo alto y le entrega una palma y una corona; se lee en un rótulo Major a tibi, y en otro Titianus Vecelius eqües Caesaris fecit: el segundo retrato que pintó de Carlos V armado y a caballo: otros dos de sujetos [ personajes ] desconocidos: Lucrecia violentada por Tarquino: una repetición de la célebre santa Margarita, que esta en el Escorial: los retratos de Carlos V y de Felipe II de cuerpo entero: dos cuadros pequeños de lo mejor de este autor, el primero representa un juego de muchachos en distintas y graciosas actitudes alrededor de la estatua de Venus, colocada sobre un pedestal, y en el segundo un bacanal con varias figuras, siendo la principal la de una mujer desnuda y dormida: un Eccehomo y una Dolorosa de medio cuerpo, y cinco retratos de sujetos [ personajes desconocidos ], cuyos nombres se ignoran (I).

Buen Retiro

-Dos fábulas de Diana en Pequeño, pintadas en su último tiempo.

San Isidro el Real [ Real Colegiata de san Isidro, antiguo Colegio Imperial e iglesia de san Francisco Javier de la compañía de Jesús ]

-Una adoración de los Reyes sobre las puertas de la sacristía.

Monjas de san Pascual [ Convento de san Pascual de monjas franciscanas en el Prado ]

-Un cuadro con figuras algo más pequeñas que el tamaño del natural, colocado en la capilla de san Pascual al lado de la epístola. Representa a un Papa que introduce un capitán a san Pedro sentado sobre un trono, y le entrega un estandarte: obra muy concluida y de su primer tiempo. Tiene un rótulo que dice: Ritrato di uno di casa Pasaro, che fu fato generale di santa chiesa. Ticiano.

Carmen Descalzo [ Convento de san Hermenegildo de padres carmelitas descalzos en la calle de Alcalá

-Carlos V del tamaño del natural hablando a sus soldados: esta en la sacristía, y es repetición de otro igual que hay en el Escorial.


SAN ILDEFONSO

Palacio

-El retrato de Felipe II: otro [ retrato ] de un caballero de Santiago: otro [ retrato de un ] desconocido, vestido de negro con guantes; y una cabeza.


ESCORIAL

Real Monasterio

-Un Jesús nazareno en un oratorio, inmediato al presbiterio al lado del evangelio. En la antesacristía la Virgen, san José y el niño a quien presenta san Juanito [ san Juan Bautista niño ] una cerezas que un ángel coge de un árbol. En la sacristía los siguientes: sobre la cornisa el de la moneda que presenta a Cristo un fariseo, cuyas figuras son de medio cuerpo; la Magdalena penitente mirando al cielo, también de medio cuerpo y el sacrificio de Isaac: debajo de la cornisa la oración del huerto, la Virgen y el Niño acariciando a santa Catalina, nuestra Señora [ la Virgen ] con el niño en brazos del tamaño del natural, Pilatos mostrando a Cristo al pueblo, un crucifijo [ Cristo crucificado ] del tamaño del natural, san Juan Bautista en el desierto [ del tamaño del natural ], el célebre san Sebastián [ del tamaño del natural ], cuyas carnes parecen vivas, y santa Margarita con el dragón. En el claustro principal alto un Eccehomo y una Dolorosa de medio cuerpo, pintados en pizarras, y colocados en los lados de la escalera principal sobre los arcos que van a los claustros chicos. En la pieza que esta antes de los capítulos, un Salvador [ Cristo ] de medio cuerpo en actitud de dar la bendición. En el capítulo vicarial, san Jerónimo penitente en el altar del testero, y colgados en las paredes un descanso de la Virgen de su mejor estilo, el cuadro grande que representa la religión arrimada a un árbol, desnuda, afligida y arrodillada, rodeanla serpientes, y la defiende la monarquía española armada con escudo y lanza, va a su lado la justicia con espada y alguna gente de guerra, hay cruces y cálices rotos en el suelo, y se ve a los lejos el mar con embarcaciones. En el capítulo prioral la oración del huerto en el altar del testero. En la iglesia vieja el famoso cuadro del martirio de san Lorenzo, que Tiziano envió a Felipe II, colocado en el altar mayor: se representa al santo recostado sobre las parrillas extendiendo una mano para recibir la corona que le traen unos hermosos angelitos, las demás figuras están iluminadas con mucho arte por la luz de unas teas que arden cerca de un ídolo, y por el fuego que atizan los verdugos. Conservo la estampa [ martirio de san Lorenzo ] de este lienzo, grabada por Cornelio Coort: en el altar del lado del evangelio la adoración de los Reyes [ epifanía ] y un Eccehomo, y en el de la epístola el entierro de Cristo y una Dolorosa con una graciosa santa Catalina, un Salvador [ Cristo ] de medio cuerpo, y una María del mismo tamaño en las paredes de esta pieza, En la aulilla la muy nombrada gloria del Tiziano, o más bien, el apoteosis de Carlos V, que vino con su cuerpo a este monasterio de él de Yuste: representa a la beatísima Trinidad en lo alto, la Virgen a mano derecha y más abajo varias figuras de santos y patriarcas del nuevo y viejo testamento: diferentes ángeles introducen por el lado izquierdo las del Emperador, de su hijo Felipe II, y de otros príncipes de su familia, apareciéndose por un rincón el mismo Tiziano; y en primer término esta la iglesia presentando sus héroes: también conservo una de las dos buenas estampas [ apoteosis de Carlos V ] que hay de este cuadro, grabadas en Italia o en Flandes: un entierro de Cristo, repetición del que esta en la iglesia vieja, la famosa santa Margarita que tiene tapada la pierna y un Eccehomo de medio cuerpo. En el camarín un crucifijo [ Cristo crucificado ] pequeño. Y en el refectorio la [ última ] cena del Señor con los apóstoles, cuyas figuras son del tamaño del natural, y una de sus mejores obras.

Casino del Rey

-Algunos cuadros de este gran maestro.


TOLEDO

Catedral

-Un crucifijo [ Cristo crucificado ] en la pieza del vestuario.


PUEBLA DE SANABRIA

San Francisco

-Los cuadros de la capilla mayor.


NOTA

(I) Había en el estudio de los pintores de cámara de S. M., que esta en casa de Rebeque, cuatro Venus, dos Dánae con Júpiter transformado en lluvia de oro, y otro cuadro que representa a Marte y a Venus, todos de mano de Tiziano que pasaron por real orden a la academia de san Fernando, donde se custodian con las correspondientes precauciones.

Vasari, Ridolfi, Padre Sigúenza, Carducho, Pacheco, Felibien, Palomino, Padre Orlando, Ponz, y Otros Autores.

(Tomo V, pp. 24-44)

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