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Construida esta sobre la buena planta, que proporcionaba ver desde cualquiera parte del templo las funciones que se celebraban en el altar mayor, se reducía este a un sencillo y aislado tabernáculo con el coro por detrás: en su lugar levantó Acosta un extraordinario retablo arrimado a la pared, sin mas orden de arquitectura que los ridículos adornos de su tiempo, y con una Transfiguración de figuras colosales faltas de decoro, de sencillez Y de corrección; y de aquí resultó otro mayor daño, que fue colocar el coro en medio de la iglesia, que de espaciosa, sencilla, clara y cómoda la redujo a pequeña, cargada, obscura y embarazada. Antes de haber ejecutado esta obra ya había concluido una [[portada_o_retablo_que_da_entrada_a_la_capilla_del_Sagrario_-_Acosta,_Cayetano|''portada o retablo que da entrada a la capilla del Sagrario'']] en el propio templo, que es un monstruo de las artes, capaz de contener al indiscreto celo y devoción del que costeó el retablo mayor.
No fue este el único mal que causó en Sevilla la ignorancia y mal gusto de este profesor. Declaró guerra a todos los sencillos tabernáculos que había en los retablos antiguos, y fueron muchos los que se quitaron para sustituir los extravagantes que él y sus discípulos hicieron. Da lástima y dolor ver el estrago que hicieron en la iglesia de los padres mercenarios descalzos de aquella ciudad, quitando tres excelentes [[estatuas_del_Montañés_-_Acosta,_Cayetano|''estatuas del Montañés'']], para poner en su lugar otras [ [[Inmaculada Concepción,_-_Acosta,_Cayetano|''Inmaculada Concepción,'']] ] monstruosas de estos ignorantes con un manifestador pueril, que por incomprensible no podemos describir. En fin las estatuas de Acosta fueron colocadas en lugar de las de Alonso Cano, despreciadas estas pos por sencillas, y estimadas aquellas por airosas, y por sus actitudes cómicas y pantomímicas.
Falleció este artista en Sevilla el año de 1780; pero dejó vinculados sus despropósitos a su hijo, nieto y discípulos, que procuran observarlos exactamente.