Rubens, Pedro Pablo

From Diccionario Interactivo Ceán Bermúdez
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Rubens, Pedro Pablo
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Especialidad Pintor
Nacimiento 1577 Siegen (Alemania)
Fallecimiento 1640 Amberes (Flandes, Bélgica)
Cronología XVI-XVII
Ciudad de trabajo Madrid, El Escorial, Loeches (Comunidad de Madrid), La Granja (Segovia , Valladolid, Castilla y León), Plasencia (Cáceres, Extremadura), Toledo (Castilla la Mancha) (Italia), (Francia), Londrés (Inglaterra)
Ubicación en el diccionario Tomo 4, Página 256, Letra Letra R, Grupo Grupo RU
Referencia bibliográfica *A. Vergara, "Enciclopedia del Museo del Prado", en Rubnes, Pedro Pablo. Accesible en: https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/rubens-pedro-pablo/0e58fabf-fce4-426d-8ff3-945c15f4030b (consultado en 14/09/2021)


Rubens (Pedro Pablo) pintor el más sabio, literato, político y distinguido de todos los profesores. Nació en Colonia el día 29 de junio de 1577, adonde se había retirado su padre don Juan Rubens, huyendo de las guerras civiles que se suscitaron en aquel tiempo en Amberes, de donde era natural, de una familia muy distinguida y consejero del senado. Habiendo fallecido el año de 1587, se volvió la viuda con su hijo a Amberes para que siguiese el estudio de las letras que había comenzado con lucimiento en Colonia. Concluida la filosofía, y no sabemos si parte de la jurisprudencia la condesa viuda de Lalein quiso tenerle por su paje entre su familia, pero no acomodándose al cisterna de vida y educación que se daba en la casa de los señores a los criados de su clase, se volvió a la suya. Entonces fue cuando manifestó a su madre la vehemente inclinación que tenia al dibujo, y en tono de diversión le envió a casa de un pintor de aquella ciudad, llamado Adan Van Noort, con quien estuvo cuatro años sufriéndole la rigidez de su genio.

Pasó después a la escuela de Otho Venio, pintor del archiduque Alberto y el más acreditado que había en Flandes. La inclinación que ambos tenían a las letras los unió en amistad estrecha, de modo que el maestro no tenia secreto alguno que no manifestase al discípulo. Le enseñó a disponer las figuras, a contrastar los grupos, a distribuir las luces y otras delicadezas del arte, con lo que en poco tiempo se aventajó a tan buen profesor.

Adelantado hasta este punto creyó ser preciso pasar a Italia para perfeccionarse, y salió de Amberes el día 9 de mayo de mayo de 1600 a los veintitrés años de edad. Con su fina educación y con el trato que había tenido con las gentes de la primera jerarquía, halló buena acogida y obsequio en los palacios y casas de los príncipes y señores por donde pasaba. Se alojó en Venecia por casualidad en la de un gentilhombre de Vicente Gonzaga, duque de Mantua y de Monfferrato; y como hubiese visto algunas obras de se mano, que llevaba consigo, le presentó a su amo, que era muy aficionado a bellas artes, y especialmente a la pintura. El duque le hizo mil caricias, le ofreció su amistad y le propuso varios partidos para que se quedase en su casa. Los aceptó con gusto y gratitud, a fin de aprovechar la ocasión: de examinar y estudiar en Mantua las obras de Julio Romano, de quien tenía hecho un alto concepto.

No se desdeñó de pasar por gentilhombre de este príncipe los nueve años que estuvo en Italia, pues le trataba con la mayor distinción y le permitía estar largas temporadas en Roma y en otras ciudades, por hallar en ellas grandes motivos para su adelantamiento. Pintó entonces en aquella capital tres lienzos [ cuadros ] para la iglesia de santa Cruz en Jerusalén, de cuyo título había sido cardenal el archiduque Alberto y restaurador de la capilla de santa Elena.

Restituido a Mantua, el duque quiso darle una prueba del aprecio y estimación que hacia de su persona, de su talento y de su mérito, y le envió a España con el honroso encargo de presentar en su nombre a Felipe III una magnífica carroza con siete hermosísimos caballos. Estaba a la sazón la corte en Valladolid, y el rey hizo la debida estimación del presente y del sujeto que le traía, tratándole con el correspondiente decoro. Pintó en aquella ocasión tres cuadros grandes para el convento de las monjas franciscas [ franciscanas ] de Fuensaldaña, distante una legua, de aquella ciudad, y se conoce que se empeñó en dar gusto al conde de este título, que se los había encargado, y en dejar en España una prueba de su habilidad, porque son los mejores que hay en el reino de su mano.

Volvió a Mantua muy satisfecho y contento de nuestra corte, y habiendo pasado por Valencia hizo muchos elogios de Ribalta y de otros profesores de aquella ciudad, y el duque lo quedó también del buen desempeño de su comisión. No paró allí muchos días, porque estimulado de las grandes obras fue había visto en España del Tiziano, le pidió licencia para ir a Venecia a estudiar las que había pintado en esta capital y las de sus discípulos, que hubo de reconocer de paso cuando vino de Flandes. En efecto sacó de ellas todo el partido posible en la parte del colorido, que supo acomodar a su estilo. Desde Venecia volvió a Roma a pintar los cuadros principales de la iglesia de los padres del Oratorio que se acababa de edificar, cuyos bocetos existen en la abadía de san Miguel de Amberes.

Pero Génova fue la ciudad de Italia en e Rubens hizo más larga residencia, hora fuese por la benignidad del clima, hora porque allí recibiese más distinciones que en ninguna otra, y hora porque hubiese encontrado en ella disposiciones más ventajosas para hacer valer lo que había aprendido en las otras, porque en ninguna se hallan tantas obras de su mano, ni son tan estimadas como en esta. Se dedicó aquí a la arquitectura, levantando planos y alzados de las mejores iglesias y palacios, que hizo grabar [ estampas ] y dar al público. Cuando gozaba en esta ciudad el fruto de sus estudios, recibió la noticia de que su madre estaba gravemente enferma. Tomó al instante la posta, y cuando llegó a Amberes el año de 1609 no tuvo el consuelo de hallarla viva. Como la amaba con extremo, fue su sentimiento extraordinario, y para tener algún desahogo libre de visitas y cumplidos se retiró a la abadía de San Miguel, donde procuró entretenerse pintando algún tiempo.

Quiso volverse a Mantua, pero la ciudad de Amberes y la corte de Bruselas, que habían celebrado mucho su venida a aquellos países, se lo estorbaron. Con este objeto el archiduque Alberto y su esposa la infanta doña Isabel le encargaron sus retratos, y habiéndolos acabado a gusto de ambos, la infanta a presencia de su marido le ciñó la espada, y lo puso al cuello una cadena de oro, llamándole, honra de su país; y el archiduque le señaló una pensión con otras muestras distinguidas de amor, a fin de que se quedase en su servicio; de modo que no pudiendo resistir a tan grandes favores, determinó no salir de Flandes sin licencia de los archiduques; y para afianzar esta promesa se casó con Isabel Brant, hija del señor Brant, doctor y grefier de Amberes, y de Clara Moi, cuñada de Felipe Rubens, su hermano mayor y secretario del senado. Pidió a los archiduques, que celebraron mucho este matrimonio, le permitiesen vivir retirado en Amberes para poder entregarse mejor al estudio de su profesión libre del embarazo de la corte, lo que le fue concedido. Compró una casa grande, que reedificó a la romana con un jardín espacioso, en que plantó árboles y flores muy particulares para su recreo: levantó en el medio una sala, redonda con sola una claraboya en lo alto, y la adornó con estatuas antiguas, pinturas [ cuadros ] exquisitas y con otras [ objetos artísticos ] preciosidades de las bellas artes que había traído de Italia, de suerte que formó el mejor gabinete y la más escogida colección de aquel país.

El archiduque iba frecuentemente a visitarle desde Bruselas, distante nueve leguas, con el pretexto de verle pintar, y le dio la última prueba de su afecto, siendo padrino en el bautismo de su primer hijo, por lo que se le puso el nombre de Alberto. Habiendo fallecido este príncipe siguió Rubens en la misma estimación con la infanta viuda, con los grandes, y particularmente con el marqués de Spínola, que gustaba mucho de su trato y conversación, y solía decir que eran tan recomendables sus prendas, que la pintura era la menor.

Entonces pintó muchos cuadros para las iglesias de Amberes y [ cuadros ] para el oratorio del archiduque, aumentando y extendiendo su fama por toda Europa. La reina María de Médicis le obligó a que pasase a París en 1620 a pintar dos galerías del palacio de Luxemburgo que acababa de edificar: tomó las medidas de los cuadros: hizo allí los borrones [ bocetos ] y se volvió a Amberes a pintarlos: Cinco años tardó en ellos, y a este intervalo correspondería, si fuese cierta, la segunda venida de Rubens a España, de que habla don Antonio Palomino, pues dice que vino con el príncipe de Gales el año de 1623, y que entonces copió los cuadros de Tiziano que había en el palacio [ Alcázar ] de Madrid, del robo de Europa y los baños de Diana. Esta noticia incierta parece tomada de lo que expone Mr. Piles en la vida de Rubens, que traducido del francés dice así:

“Durante su residencia en Madrid el año de 1628 Felipe IV le mandó hacer las copias de las mejores pinturas de Tiziano, y entre ellas el robo [ rapto ] de Europa y los baños de Diana, con la idea de regalar las originales al príncipe de Gales, que estaba entonces en Madrid, tratando su matrimonio con la infanta”. Es cierto y constante que este príncipe estuvo en Madrid el año de 23, como queda dicho en el apéndice al artículo de Fures y Muñiz, y también lo es que Rubens vino a esta corte el de 28, cuando el príncipe de Gales era ya rey de Inglaterra. Pero Palomino, que no se detuvo en averiguar el torpe anacronismo que cometió Piles en tan corta narración, creyó que Rubens había venido a España el año de 23 dando más crédito a este escritor francés que a Vincencio Carducho, que estaba entonces en Madrid y nada dice de que haya Rubens acompañado al príncipe, ni de haber copiado entonces tales cuadros; y más que a Francisco Pacheco que había llegado a esta corte precisamente en aquel propio año con su yerno don Diego Velázquez cuando fue llamado a ella, que tampoco hace mención de Rubens en este tiempo, pero sí de haber estado en Madrid añod e 28 a tratar las paces con la Inglaterra, y dice que entonces copió las mejores pinturas del Tiziano "que son los dos baños [ de Diana ], la Europa, el Adonis y Venus, la Venus y Cupido, el Adán y Eva y otras cosas." Volvió Rubens a París el año de 25 con los cuadros concluidos para colocarlos en la galería de Luxembourg: representó en ellos la vida la reina [ Margarita ] Médicis con mucha composición figuras alegóricas, manifestando su fantasía Poética y su instrucción en la mitología.

Hizo los borrones [ bocetos ] para los otros lienzos que habían de representar las acciones de Enrrique IV, a fin de adornar otra galería en el mismo palacio; pero no tuvieron efecto por destierro de aquella reina, que también se los había encargado.

Hallábase entonces en aquella corte el duque de Buckinghan, que había ido a tratar el casamiento del rey de Inglaterra con la princesa Enriqueta, hija de Enrique el grande, y como le hubiese retratado Rubens [ retrato del duque de Buckinhan ], quedó el duque tan prendado de su habilidad, de su talento, instrucción y política que mereció su amistad y su confianza, aun en los asuntos reservados del gabinete de Sant James. En una de las muchas conversaciones que tuvieron le manifestó sentimientos por la desavenencia en que estaban los reinos de España y de Inglaterra. No cayó en saco roto, esta noticia, como se suele decir, porque luego que Rubens se restituyó a Bruxelas, la comunicó a la infanta, y la confianza y amistad merecido del duque. S. A. lo celebró mucho y le mandó la conservase, aunque fuese a toda costa y con gran cuidado, porque así convenía a sus ideas. Y por sostenerla sufrió Rubens el sacrificio de vender sin necesidad a Buckinghan todas las estatuas y pinturas [ cuadros ] que tenía en su gabinete de Amberes.

Fue el caso que a poco tiempo de haber llegado Rubens a Flandes, deseoso el duque de separarle del placer y entretenimiento que gozaba en su casa con las antigüedades y pinturas que tenía en ella, y de llamar su atención a los grandes negocios, para que le consideraba muy a propósito, le envió un criado desde París con cien mil florines, proponiéndole la venta de su colección. Rubens condescendió por no desazonarle, pero con la condición de que le permitiese sacar vaciados de las estatuas y antigüedades, y de copiar algunas [ copias de ] pinturas; lo que así se efectuó, y los originales pasaron a Londres a ser una gran parte de las preciosidades que había juntado el desgraciado Carlos I.

La infanta infanta Isabel y el marques de Spínola teniendo siempre presente lo que Rubens había confiado a S. A. de los buenos deseos de Buckinghan acerca de la paz con España, y suponiéndolos conformes con los de soberano, contaron con el talento y prudencia de Rubens, y le enviaron a Madrid con la comisión de proponer a Felipe IV los medios de efectuarla: llegó a esta corte en agosto de 1628, y presentó al rey ocho cuadros de su mano de diferentes tamaños, que apreció mucho, y habiéndole oído en su comisión, le consideró digno de desempeñarla.

Nueve meses estuvo en Madrid, y sin faltar a sus negocios y a pesar de las incomodidades que padecía con la gota, retrató a toda la familia real [ Felipe IV e Isabel de Borbón, infante don Carlos, infante don Fernando ], de medio cuerpo para llevar a Flandes, hizo cuatro retratos del rey [ Felipe IV ] uno a [ Felipe IV ] caballo, al que Lope de Vega compuso a aquella silva que principia,

“durmiendo estaba, si dormir podía”:


el de la infanta [ María de Austria ], que residía en las Descalzas Reales [ convento de Nuestra Señora de la Consolación de monjas franciscanas en la plazuela de las Descalzas ], del que sacó varias copias; y otros cinco o seis [ cuadros ] de particulares. Copió los cuadros del Tiziano que hemos dicho arriba : mudó algunas cosas en el cuadro grande de la adoración de los Reyes [ epifanía ], que ya estaba en palacio y había pintado en Amberes; y pinto otros [ cuadros ] para varios caballeros sus amigos. Concluidos los asuntos que motivaron su venida, fue con don Diego Velázquez su amigo al Escorial a ver y examinar las pinturas de aquel monasterio. A la vuelta el conde duque de Olivares le entregó las credenciales y un diamante en una sortija en nombre del rey, que valía dos mil ducados; y Felipe IV para autorizar su persona en el grave negocio de que iba encargado, le armó caballero, y le nombró secretario de su consejo privado de Bruxelas por toda su vida y la de su hijo Alberto.

Salió de Madrid en posta el día 26 de abril de 629 para Bruxelas a verse con la infanta, y de allí partió inmediatamente para Londres sin aparato y en tono de viajero. El crédito que tenían sus obras en Inglaterra, su amistad con el duque de Buckinghan, y la colección de su estudio, que estaba ya colocada en palacio, inspiraron una especie de entusiasmo en los ingleses por conocerte, tratarle y obsequiarle, y hasta el mismo Carlos I tuvo singular complacencia en hablar con él sobre las bellas artes, como tan amante e inteligente en ellas. Fueron muy frecuentes las conversaciones del rey con Rubens sobre esta materia y sobre las de estado, en que poco a poca le fue entrando, y en una de ellas le dijo con oportunidad, que el de España consentiría gustoso en que se tratase de paz por el bien común que resultaría a ambos reinos.

Carlos I le escuchó favorablemente, y le preguntó si traía facultades para hablarle en aquel asunto. Rubens respondió con respeto, que se manifestaría si no le era desagradable aquella proposición, y el rey le aseguró que la oía con gusto. Entonces le descubrió las atenciones de Felipe I V y le presenta sus credenciales. Carlos I le dio inmediatamente su cordón con un rico diamante, hizo llamar a suministro de Estado para que arreglase con él los artículos de paz con España; y Rubens se dio tan buena maña, que en poco tiempo y con el mayor sigilo concluyó completamente su negocio.

El rey de Inglaterra envió a Madrid a milord Cottington a jurar la paz en manos de el de España, y don Carlos Colona pasó a Londres a hacer lo mismo en las de Carlos I. Este soberano para manifestar a Rubens cuan agradable le había sido esta negociación, efecto de su talento y de su tino político, le armó caballero con su propia espada, y le regaló una vajilla exquisita de plata. Volvió después a España y Felipe IV le hizo su gentilhombre, y le llenó de otros honores y gracias.

Restituido gloriosamente a Amberes se casó segunda vez, a los cuatro años de viudo en el de 630, con Helena Forment, dama de una belleza extraordinaria, de edad de dieciséis y de quien tuvo cinco hijos, y el primero fue consejero del parlamentó de Brabante. Disfrutaba los placeres de su casa y familia cuando la infanta doña Isabel y el marqués de Aytona le hicieron pasar a Holanda, a tratar de una tregua entre aquellas provincias y el rey católico; y habiéndola concluido pronta y felizmente, añadió este timbre a su fama y nombre. Pero después de haber sido tan útil al arte de la pintura como al Estado, acometido de una aguda enfermedad, falleció en Amberes el año de 1640 a los 63 de edad, y fue enterrado en la iglesia de Santiago de aquella ciudad. Su viuda e hijos erigieron en ella una capilla donde colocaron su sepulcro con este epitafio.

D. O. M.

Petrus Paulus Rubenius, eques,

Joannis hujus urbis senatoris

filius, Steini Toparcha

H. .S. E.

Qui inter coeteras quibus ad miraculum

Excelluit doctrinae historiea priscae

Omniumque bonaum artium et elegantiarum dotes,

Non sui tantum saeculi

Sed omnis aevi,

Apelles dici meruit,

Atque ad regum principumque virorum amicitias

Gradunt sibi, fecit.

A Philipo IV Hispaniarum Indiarumque rege

Inter Sanctioris Consilij scribas adscitus;

Et ad Carolum magnae Britanniae regem

Anno M.DCC.XXIX delegates

Pacis inter eosdem principes mox initae

Fundamenta feliciter posuit.

Obijt sal. M. DCC. XLaetatis LXIII

Domina Helena Formentia vidua ,ac liberi

Sacellum hoc aramque ac tabulam Deiparae

Cultui consecratam, memoriae Rubenianae

L. M. poni dedicarique curarunt.

R. I. P.


Pedro Pablo Rubens excedió a muchos pintores que le precedieron en el fuego y en sublimidad de la invención. Como tan sabio en las bellas letras, en la historia y en fábula, jamás trazaba obra alguna de consideración, sin que escribiese sobre el asunto con reflexiones eruditas, por lo que enriquecía sus composiciones con muchas y grandes ideas. El estudio que había hecho sobre las obras de Tiziano le hizo dueño del colorido, que prefirió a la sencillez y verdad de las de Rafael que observó en Roma. Prescindiendo alguna vez de la suma corrección del dibujo, arrebatado del furor de su imaginación, quiso más ostentar su erudición, que buscar formas grandiosas y nobleza de caracteres, y se contentó con la imitación de la naturaleza común: sobre este gusto pintó muchas obras que fueron celebradas de los poetas y pintores de su siglo, y llegó a ser el fundador de la escuela flamenca, que hasta entonces había vagado de uno en otro profesor, sin carácter ni estilo fijo y determinado.

No obstante se halla corrección en sus mejores obras, pero no con aquella delicadeza y filosofía que se hallan en las de los que imitaron las estatuas antiguas, pues aunque las había estudiado, no las adoptaba con su genio, como lo manifestó en un tratado Que escribió en latín sobre la imitación del antiguo. Además de los flamencos le siguieron ciegamente los franceses, prefiriéndole al célebre Pousin, sin duda porque las composiciones de aquel eran más conformes al carácter nacional, que la simplicidad y rigidez de este; pero hoy no piensan así, porque habiendo mudado, de gusto, respetan las obras que dimanan del antiguo y de las de Rafael de Urbino, y las procuran imitar.

Alguna vez se divirtió Rubens en grabar a buril y al agua fuerte. Se le atribuyen las estampas de un san Francisco en el acto de la impresión de las llagas, de una Magdalena, de una santa Catalina, y de una mujer con una vela en la manó, en la que enciende otra un muchacho. Tuvo muchos y buenos discípulos en la pintura, y han sido los que más se distinguieron Pedro Soutmant, pintor del rey de Polonia, Juan Van-Hoeck, que lo fue del archiduque Leopoldo, justo de Egmont, Erasmo Quellino, Van-Mol, Van-Thulden, Jacobo Jordans, y sobre todos el célebre Antonio Van Dick, que le aventajó en las carnes.

La narración de sus pinturas repartidas por toda Europa, sería tan prolija, como la de sus hechos. Además de las que dejó en Italia son muchas las que existen de su mano en Inglaterra y en Polonia: las que hizo para los duques de Baviera y de Neubourgo y otros príncipes: las que pinto para Parisy otras ciudades de Francia; y las que había en las iglesias y gabinetes de Flandes, particularmente en la catedral y monasterios de Amberes. Por tanto nos contentaremos con señalar las públicas que existen en España, según la exposición de Ponz, que son las siguientes:


MADRID

Palacio Nuevo [ Palacio Real ]

-Las copias de Tiziano de Adán y Eva, cuatro lienzos de las hazañas de Hércules, el retrato de Felipe IV a caballo y un Señor [ Cristo ] atado a la columna: el cuadro apaisado que representa un jardín con figuras pequeñas, llamado la familia de Rubens, otro chico que representa un bailey otro en que va un sacerdote a caballo con el viático y el conde de Aspurg llevando la rienda en un país[ paisaje ] frondosísimo: el rapto de Proserpina, el [ rapto ] de Ganímedes, la disputa de Marsias y Apolo, los centauros robando la mujer de Pirito, un Saturno, un Apolo y un Narciso: el niño Dios con san Juanito [ san Juan Bautista niño ], los bocetos de los cuadros que están en Loeches relativos al triunfo de la fe, cuatro cabezas de apóstoles, las figuras de dos bellos países [ paisajes ] flamencos, la Virgen con el niño en brazos, varios santos y unos niños jugando con un cordero: un cuadro grande que representa a Ulises descubriendo a Aquiles disfrazado en la corte del rey Nicomedes, un Mercurio [ Mercurio y Argos ], un viejo con cabeza de sátiro y mascara en la mano: san Jorge armado y a caballo matando la araña, Progne dando de comer a Tereo su propio hijo, Diana de cazadora, Arquímedes, un Mercurio, Hércules matando la hidra, la disputa de Pan y Apolo, la cabeza de un muchacho y otra [ cabeza ] de un hombre: dos copias de Tiziano que representan la primera muchos niños en diferentes actitudes alrededor de la estatua de Venus y la segunda una bacanall: el robo [ rapto ] de la Sabinas, los baños de Diana, y otra bacanal con varias figuras cogiendo fruta: un Baco, Perseo liberando a Andrómeda, Juno, Palas y Venus en un cuadro; y el juicio de Paris pintado por un diseño de Rubens.

Buen Retiro.

-En el palacio, Hércules luchando con la hidra, Orfeo que saca a su mujer del infierno y el boceto de los Evangelistas que esta en Loeches. Se le atribuyen cuatro cuadritos que hay en la habitación del alcaide y representan a Atlante, Vulcano fraguando rayos, un cazador que saca una flecha a un ciervo, y otro [ cazador ] que dispara a un oso.

Hospital de los Flamencos [ en la calle de san Marcos ]

-El famoso martirio de san Andrés en el altar de la capilla.

Carmelitas Descalzos [ Convento de san Hermenegildo de padres Carmelitas Descalzos en la calle de Alcalá ]

-En la sacristía una [ última ] cena del Señor [ Cristo ], acabada por Van Dick.

Academia de san Fernando [ en la calle de Alcalá ]

-En una pieza reservada se guardan cinco excelentes cuadros de Rubens, que representan: las tres Gracias, Perseo desatando a Andrómeda a instancias de Cupido, el juicio de Paris, varias ninfas con sátiros, y un robo de ninfas por otros sátiros (I)


ESCORIAL

Real Monasterio

-Cristo con los dos discípulos en Emaús en la antesacristía, y en la sacristía el borroncillo [ boceto de Cristo con los dos discípulos en Emaús ] de este cuadro. En el capítulo prioral la Virgen con [ Cristo muerto ] su hijo difunto, san Juan y la Magdalena, y es de lo mejor de su mano, una Sacra familia [ Sagrada familia ], y una [ Inmaculada ] Concepción con ángeles. En la pieza inmediata al cuarto de Felipe II un san Jerónimo y los desposorios de santa Catalina con varios santos.


SAN ILDEFONSO

Palacio

-Una cacería con jabalíes y figuras de hombres a pie y a caballo, los desposorios de nuestra Señora [ la Virgen ], el niño Dios, san Juanito [ san Juan Bautista niño ], dos ángeles, el cordero y otras cosas; Venus y Adonis con la cabeza de un jabalí y un apostolado [ Apóstoles: san Pedro, san Andrés, Santiago el Mayor, san Juan, santo Tomás, san Mateo, san Simón, Santiago el Menor, san Felipe, san Bartolomé san Judas Tadeo, san Matías ]. Puede ser que alguno de estos cuadros hayan venido al palacio de Madrid [ Palacio Real ], o al de Aranjuez.


PLASENCIA

Catedral

-Los desposorios de santa Catalina en la sala capitular de invierno.


SEVILLA

Colegio del Ángel

-El cuadro que está en un retablo del lado del evangelio, y que representa a la santísima Trinidad con unas medias figuras de san Juan Evangelista, san Pablo y otros santos.


FUENSALDAÑA

Monjas Franciscas

-El cuadro grande que ocupa el retablo mayor: representa la Virgen en un trono de nubes y ángeles: el de san Antonio de Padua en el colateral del lado de la epístola; y el de san Francisco en el del evangelio, en la actitud de la impresión de las llagas.


LOECHES

Monjas Dominicas

-En el banco del altar mayor están apaisados el descanso de la Virgen con el niño, una Sacra familia [ Sagrada Familia ], el nacimiento y la epifanía [ adoración de los reyes ] del Señor [ Cristo ] encima dos cuadros muy grandes que representan, el primero el triunfo de la religión en un carro magnífico con ángeles y figuras alegóricas, y el segundo Abrahán y Melquisedec con los panes. Hay otro de igual tamaño sobre la reja del coro al lado de la epístola, que contiene los cuatro doctores [ san Jerónimo, san Agustín, san Ambrosio y san Gregorio ], santo Tomás de Aquino, san Buenaventura y santa Clara; y en el lado opuesto los cuatro evangelistas [ Mateo, Marcos, Lucas y Juan ]: hay además otros dos en el crucero, que representan a Elías en el desierto, y el pueblo de Israel cogiendo el maná. Se pintaron todos seis para tejer en Flandes los tapices que son tan conocidos de los inteligentes y se grabaron estampas por ellos.


TOMO VI, SUPLEMENTO

Rubens (Pedro Pablo) pintor. No debemos omitir dos cuadros que don Antonio Ponz atribuye a este gran profesor y no hemos puesto por olvido en su artículo: están colocados en la pieza del vestuario de la santa iglesia [ catedral ] de Toledo. El uno es repetición de otro igual que está en el Escorial, y representa a nuestra Señora [ la Virgen ] con el niño Dios en los brazos, con varios santos y santas en acto de adoración; y el otro figura a la Samaritana, pintado con mucha hermosura de color.


NOTA

(I) Después de haber publicado el primer tomo de este diccionario, en cuyo prólogo se ha dado razón de las colecciones particulares de pinturas que habíamos examinado en Madrid y en otras ciudades del reino, hemos visto la que posee en esta corte el excelentísimo señor duque del Infantado, que contiene cuarenta y seis bocetos originales de Rubens en diferentes tamaños, cuyos asuntos pertenecen a la mitología; doce cuadros del propio autor también de fábulas, excepto algún otro [ cuadro ]; y el famoso de la familia del mismo Rubens de su mano.


Carducho, Pacheco, Felibien, De Piles, J. B. Descamp, Pernety, Padre Orlandi, Palomino, Ponz, Noticias de Toledo.

(Tomo IV, pp.256-274, Tomo VI, p.86)

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Obras actualmente documentadas

Obra Técnica Cronología Localización actual Imagen
Catedral y monasterios de Amberes - Rubens, Pedro Pablo óleo sobre tabla 1611-1614 Catedral de Nuestra Señora
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Jardín con figuras pequeñas, llamado la familia de Rubens - Rubens, Pedro Pablo óleo sobre lienzo 1606-1610 Museo del Prado
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Las tres Gracias - Rubens, Pedro Pablo óleo sobre tabla 16336-1638 Museo del Prado
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Mercurio y Argos - Rubens, Pedro Pablo Óleo sobre lienzo 1636-1638 Museo Nacional del Prado
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Perseo desatando a Andrómeda a instancias de Cupido - Rubens, Pedro Pablo Óleo sobre lienzo 1639-1640 Museo del Prado
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Retrato de Felipe IV a caballo - Rubens, Pedro Pablo óleo sobre lienzo 1606-1610 Museo del Prado
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Sacra familia (Sagrada familia) - Rubens, Pedro Pablo óleo sobre lienzo 1626-1630, Según Rosenberg Museo del Prado
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San Jorge armado y a caballo matando la araña - Rubens, Pedro Pablo óleo sobre lienzo 1606-1610 Museo del Prado
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Vulcano fraguando rayos - Rubens, Pedro Pablo óleo sobre lienzo 1636-1638 Museo del Prado
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