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== Notas Prólogo ==
* <sup>(1)</sup>. Además de los dos tomos del [http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/x/0/0/57/5/3?searchdata1=3915408%7bCKEY%7d&searchfield1=GENERAL%5eSUBJECT%5eGENERAL%5e%5e&user_id=WEBSERVER ''Museo pictórico''] de D. Antonio Palomino, impresos en Madrid, el primero en 171 5 y el segundo en 1724, y de los veinte del [http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/x/0/0/57/5/3?searchdata1=4176078%7bCKEY%7d&searchfield1=GENERAL%5eSUBJECT%5eGENERAL%5e%5e&user_id=WEBSERVER ''Viage de España''] ''y'' [http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/x/0/0/57/5/3?searchdata1=520842%7bCKEY%7d&searchfield1=GENERAL%5eSUBJECT%5eGENERAL%5e%5e&user_id=WEBSERVER ''fuera de ella''] de D. Antonio Ponz, que se imprimieron en esta corte desde el año de 1772 hasta el de 94, he extractado en la parte que me interesaba los libros castellanos siguientes:
** Las [http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/x/0/0/57/5/3?searchdata1=5176142%7bCKEY%7d&searchfield1=GENERAL%5eSUBJECT%5eGENERAL%5e%5e&user_id=WEBSERVER ''Medidas del Romano''] por Diego de Sagredo, impreso en Toledo el año de 1526: la [http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/x/0/0/57/5/3?searchdata1=551419%7bCKEY%7d&searchfield1=GENERAL%5eSUBJECT%5eGENERAL%5e%5e&user_id=WEBSERVER ''Anatomía del cuerpo humano''] por el Dr. Juan de Valverde, Roma 1554: el [http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000223469 ''Tercero y quarto libros de Arquitectura''] de Sebastian Serlio, traducidos por Francisco de Villalpando, en un tomo, Toledo 1569: el [http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/x/0/0/57/5/3?searchdata1=3728910%7bCKEY%7d&searchfield1=GENERAL%5eSUBJECT%5eGENERAL%5e%5e&user_id=WEBSERVER ''Quilatador de oro y plata''], Valladolid 1572, y la [http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/x/0/0/57/5/3?searchdata1=4176770%7bCKEY%7d&searchfield1=GENERAL%5eSUBJECT%5eGENERAL%5e%5e&user_id=WEBSERVER ''Varia conmesuracion''], Sevilla 1585, ambos por Juan de Arfe y Villafañe: el [http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/x/0/0/57/5/3?searchdata1=3729328%7bCKEY%7d&searchfield1=GENERAL%5eSUBJECT%5eGENERAL%5e%5e&user_id=WEBSERVER ''Libro de la Montería del rey D. Alonso el XI''], publicado y añadido por Argote de Molina, Sevilla 1582: [http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/x/0/0/57/5/3?searchdata1=4333102%7bCKEY%7d&searchfield1=GENERAL%5eSUBJECT%5eGENERAL%5e%5e&user_id=WEBSERVER ''Regla de las cinco órdenes de arquitectura''] de Jacome de Vignola, traducido por Patricio Caxesi, Madrid 1593: la [http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000054264 ''Noticia general para la estimación de las artes''], por el Lic. Gaspar Gutiérrez de los Ríos, Madrid 1600: el tercer tomo de la [http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000047519 ''Historia de la orden de S. Gerónimo, que contiene la descripción del monasterio de S. Lorenzo el real''] por el P. Fr. Josef de Sigüenza, Madrid 1605: los ''Discursos apologéticos en que se defiende la ingenuidad del arte de la pintura'' por D. Juan Butrón, Madrid 1626: los ''Diálogos de la pintura'' por Vincencio Carducho, Madrid 1633: el ''Arte de la pintura'' por Francisco Pacheco, Sevilla 1649: ''Principios para estudiar el nobilísimo arte de la pintura'' por D. Josef Garcia Hidalgo, Madrid 1691: la ''Descripción del Escorial'' por el P. Fr. Francisco de los Santos, Madrid 1698: las ''Obras de D. Antonio Rafael Mengs'', Madrid 1780: los ''Comentarlos de la pintura'' que escribió D. Felipe de Guevara y publicó D. Antonio Ponz, Madrid 1788; y en fin las constituciones y actas de las academias de S. Fernando en Madrid, de santa Bárbara y de S. Carlos en Valencia, de S. Carlos en México y de S. Luis en Zaragoza; y de las escuelas de dibujo, establecidas en Sevilla, Barcelona, Cádiz, Granada y en otras ciudades del reino. En italiano: las ''Vidas de los pintores, escultores y arquitectos'' por Jorge Vasari, última edición, en Siena el año de 1794 en once tomos con muchas notas y adiciones por el P. M. Guillermo de la Valle: el ''Tratado del arte de la pintura, arquitectura y escultura'' de Juan Pablo Lomazo, Milán 1585: ''Idea de los pintores, escultores y arquitectos'' del caballero Federico Zucaro, Turin 1607: las ''Vidas de los pintores, escultores y arquitectos'' por el caballero Juan Balloni, Roma 1642: las ''Maravillas del arte, o las vidas de los pintores venecianos'' por el caballero Cárlos Ridolfi, Venecia 1648, dos tomos: las ''Vidas de los pintores, escultores y arquitectos modernos'' por Juan Pedro Bellori, Roma 1672, dos tomos: las ''Vidas de los pintores, escultores y arquitectos genoveses'' por el señor Rafael Soprani, Génova 1674: ''Felsina pitrize, vidas de los pintores boloñeses'' por el conde D. Carlos César Malvasía, Bolonia 1674, dos tomos: ''Noticia de los profesores del dibujo desde Cimabue hasta ahora'', Florencia 1681, cuatro tomos: ''Academia del nobilísimo arte de la pintura, que contiene las vidas de 400 pintores'' por Joaquin de Sandrart, Norimberg 1683: ''Vidas de los pintores, escultores y arquitectos modernos'' por Leon Pascoli, Roma 1730, tres tomos: el ''Abecedario pictórico'' por el P. Orlandi, Nápoles 1733: ''Vidas de los pintores, escultores y arquitectos napolitanos'' por Bernardo de Dominici, Nápoles 1742, dos tomos: ''Noticias históricas de los grabadores'' por Juan Gori Gandellini, Siena 1771, tres tomos: ''Serie de los hombres más ilustres en la pintura, escultura y arquitectura desde la primera restauración hasta el tiempo presente'' por unos anónimos, Florencia desde 1769 a 75, doce tomos. En francés: las ''Conversaciones de Mr.Felibien sobre las vidas de los artistas'', Trebouse 1725, seis tomos; ''Tratado de la pintura y escultura'' por Mres. Richardson padre e hijo, Amsterdam 1728, cuatro tomos: la ''Vida de los pintores flamencos, alemanes y holandeses'' por J. B. Descamps, Paris 1753, cuatro tomos: ''Diccionario portátil de la pintura, escultura y grabado'' por D. Antonio Josef Pernecty, Paris 1757: el ''Arte de pintar, poema'' por Mr. Watelet, Paris 1760: todas las ''Obras de Mr. de Piles'', inclusa la traducción que hizo del arte de la pintura, poema en latín, de Du-Fresnoy, Paris 1767, cinco tomos: ''Compendio de las vidas de los más famosos pintores'' por un anónimo, Paris 1762, cuatro tomos: ''Historia del arte entre los antiguos'' por M. J. Winckelman, traducido del alemán, París 1765, dos tomos: la ''Pintura, poema'' por Mr. Le Mierre, Amsterdam 1770: diferentes ''obras'' que conciernen a las artes por Mr. Falconet, Paris 1787, tres tomos: ''Diccionario de las artes de pintura, escultura y grabadura'' por M. Watelet y M. Levesque, Paris 1792, cinco tomos.
* <sup>(2)</sup>.  El mérito y circunstancias de Francisco de Holanda, y el de su manuscrito, constan en el artículo que tiene en este diccionario; y es el tratado de pintura más interesante que tenemos en nuestro idioma. Le posee la biblioteca de la Real Academia de S. Fernando, y sería muy útil su impresión.
* <sup>(32)</sup>.  Este escritor fue cronista  El mérito y circunstancias de los reinos Francisco de León y CastillaHolanda, y de muy extendidos conocimientos, según el gusto de su tiempo: muy buen dibujante, pues se conservan de su mano un correcto dibujo a la pluma del rey D. Pelayo, muchos y buenos escudos de armas y adornosmanuscrito, constan en el artículo que hacía para sus empresas y árboles genealógicos: decente poeta, pues componía sonetos tiene en loor de los artistaseste diccionario; y amigo es el tratado de los pintura más interesante que vivían entonces tenemos en el reinonuestro idioma. Posee este manuscrito D. Joseph Ruenes, académico Le posee la biblioteca de la historiaReal Academia de S. Fernando, sujeto y sería muy recomendable por útil su instrucción, buen gusto en ciencias y artes y escogida librería, a cuya generosidad debemos una copia de élimpresión.
* <sup>(4)</sup>. D. Juan de Alfaro, pintor cordobés, era también literato y poeta, como se dice en su artículo; y habiendo aprendido a pintar con D. Diego Velázquez, se dedicó a juntar muchas noticias de su vida y obras, que ordenadas por su hermano el doctor en medicina D. Henrique de Alfaro, formaron un libro tan prolijo, como impertinente. Por él trabajó Palomino la vida de Velázquez; mas yo para confirmar los hechos y añadir otros más interesantes, recurrí a instrumentos originales. No se puede negar que D. Juan era curioso e investigador, por lo que adquirió un discurso manuscrito ''De la comparación de la antigua y moderna pintura y escultura'', en que se trata de la excelencia de las obras de los antiguos, y si se aventajaban a las de los modernos, que escribió Pablo de Céspedes el año de 1604 en Córdoba a instancias de Pedro de Valencia; y otro incompleto sobre el ''templo de Salomón'', que habla del origen de la pintura por el mismo autor. Los copió con limpieza y adornó con notas históricas de artistas españoles y extranjeros, y los dedicó a la duquesa de Bejar. Tengo copia de todo, y había pensado añadirlo al artículo de Céspedes; pero siendo demasiado largo, lo dejé para otra ocasión, porque es muy digno de la luz pública.
* <sup>(53)</sup>. Ya confiesa el mismo Palomino en el preludio que escribió, a las ''vidas  Este escritor fue cronista de los pintores'', cuanto le sirvieron estos manuscritos reinos de Valle León y Alfaro; Castilla, y aunque dice del primerode muy extendidos conocimientos, “que por ser tan desaliñado (como no era según el gusto de la profesión) ha sido menester fundirlo para vaciarlo&quot;su tiempo: muy buen dibujante, tomó tan exactamente sus noticias, que sin embargo del desaliño, copió al pie pues se conservan de su mano un correcto dibujo a la letra las vidas de Juan de Toledopluma del rey D. Pelayo, muchos y buenos escudos de Escalantearmas y adornos, de Cárdenasque hacía para sus empresas y árboles genealógicos: decente poeta, pues componía sonetos en loor de Pereda, de Francisco Camilo, de Eugenio de las Cuevas, de Antonio Arias, de Cano los artistas; y amigo de otros de su tiempolos que vivían entonces en el reino. Posee este manuscrito D. Y más valiera que hubiese hecho lo mismo con las de Cristóbal AcevedoJoseph Ruenes, Miguel académico de la Cruzhistoria, Mateo Gallardosujeto muy recomendable por su instrucción, Lupicino, Francisco de Burgos Mansilla, Francisco Gutiérrez, Juan de Licalde buen gusto en ciencias y Urzanqui, que refiere Valle artes y desprecia Palominoescogida librería, siendo más acreedores a su memoria, que otros muchos a quienes elogiacuya generosidad debemos una copia de él.
* <sup>(6)</sup>. Este es otro manuscrito original forrado en pergamino, sin principio ni fin, foliado desde el núm. 21 hasta el 96, rubricada cada hoja con estampilla, y algunos pliegos sueltos. Contiene las ordenanzas provisionales que formaron los pintores sevillanos para el arreglo de la academia, cuando la establecieron el año de 1660 en la casa lonja de Sevilla: las elecciones de presidente (que fue el primero Murillo) y las de los demás oficios: las subscripciones de ciento treinta y ocho profesores con sus firmas originales, que se obligaron a sostener a sus expensas los gastos de aquel establecimiento; y otras constituciones, autorizadas en papel sellado, firmadas en 5 de noviembre de 1673 compuestas de siete capítulos, que prescriben el orden de los estudios. Posee este precioso manuscrito el ilustrísimo señor D. Francisco de Bruna y Ahumada, del consejo y cámara de Castilla, y decano de la real audiencia de Sevilla, entre otras curiosidades de las bellas artes, que diré más adelante, y a cuyo favor merecí poder sacar una copia y otros auxilios para esta obra.
* <sup>(74)</sup>. Ocupa el primer lugar un libro que escribió en Zaragoza a mediados del siglo XVII Jusepe Martínez, pintor de Felipe IV y de su hijo D. Juan de AustriaAlfaro, intitulado: ''Discursos practicables del nobilísimo arte de la pinturapintor cordobés, sus rudimentosera también literato y poeta, medios como se dice en su artículo; y fines que enseña la experiencia habiendo aprendido a pintar con los exemplares de obras insignes de artífices ilustresD.'' Dejando aparte los elementos del arteDiego Velázquez, nos aprovechamos de las se dedicó a juntar muchas noticias históricas que comprehende de los profesores aragoneses su vida y de los extranjeros que vinieron a trabajar en aquel reino. Las hizo sacar del originalobras, que se conserva ordenadas por su hermano el doctor en una de las Cartujas de las inmediaciones de Zaragoza el señor medicina D. Juan Antonio Hernández Henrique de LarreaAlfaro, deán de aquella santa iglesiaformaron un libro tan prolijo, celosísimo protector como impertinente. Por él trabajó Palomino la vida de Velázquez; mas yo para confirmar los adelantamientos de la Real Academia de San Luis hechos y de los útiles proyectos de la sociedad aragonesaañadir otros más interesantes, recurrí a ruego de su ilustre amigo el señor instrumentos originales. No se puede negar que D. Felipe Ignacio Canga ArguellesJuan era curioso e investigador, fiscal del consejo por lo que adquirió un discurso manuscrito ''De la comparación de Castillala antigua y moderna pintura y escultura'', no menos interesado en los progresos de aquellos cuerpos, que en los de este diccionario. Siguen los documentos que acreditan los hechos que precedieron al establecimiento se trata de la citada academia excelencia de San Luis desde que el escultor Juan Ramírez y otros profesores de Zaragoza formaron una escuela pública de dibujo; de cuando mereció la protección las obras de los caballeros de aquella ciudad: de la formación de la junta preparatoria; y hasta que la sociedad facilitó la última mano, también debidos al señor Larrea. Los manuscritos del abad Gordilloantiguos, de D. Ambrosio de la Cuesta y Saavedra, del canónigo si se aventajaban a las de Sevilla Loaisalos modernos, y que escribió Pablo de otros curiosos escritores. Los testamentos Céspedes el año de Diego 1604 en Córdoba a instancias de Siloé, Pedro de Juan Fernandez Navarrete Valencia; y otro incompleto sobre el Mudo, ''templo de Bartolomé Esteban MurilloSalomón'', que habla del origen de Lucas Jordán y de otros varios profesoresla pintura por el mismo autor. Los trabajos inéditos copió con limpieza y adornó con notas históricas de Francisco Pacheco artistas españoles y extranjeros, y de Vincencio Carducho. Expedientes sobre el pleito del soldado en Valladolid: del que tuvieron los pintores con los alguaciles de corte en Madrid sobre no asistir dedicó a una procesión la duquesa de semana santa, con quienes estaban incorporados en una hermandad en el colegio Bejar. Tengo copia de santo Tomas; y en fin muchas partidas de bautismotodo, de casamiento y había pensado añadirlo al artículo de entierro de artistasCéspedes; pero siendo demasiado largo, que se buscaron lo dejé para comprobación otra ocasión, porque es muy digno de los hechosla luz pública.
* <sup>(8)</sup>. Con el auxilio del señor D. Josef Gil de Araujo, lectoral de la santa iglesia de Sevilla, muy aficionado a las bellas artes, del difunto penitenciario D. Rodrigo Bernaldo de Quiros, y del erudito y laborioso archivero D. Antonio San Martin, examiné el archivo de aquella catedral, en el que hallé cuanto podía desear sobre su fábrica y ornato. Vi el del monasterio de la cartuja de santa María de las Cuevas, y los de otros conventos, hospitales y parroquias de aquella ciudad: el del monasterio de padres jerónimos de Santiponce: el de la colegiata de Olivares: los de las parroquias de Lebrija y Marchena y de otras iglesias de aquel arzobispado: el de la catedral de Segovia; los de algunos conventos e iglesias de Madrid; y extracté cincuenta y tantos tomos de reales cédulas comunicadas a la real junta de obras y bosques, que existen en la secretaría de Estado, relativas al nombramiento de profesores del rey, a las obras reales que ejecutaron desde el tiempo de Carlos V hasta mediados del siglo XVIII, a los sueldos que gozaron y al precio de sus obras, con otras noticias interesantes, que por su autenticidad deshacen mil errores, que había adoptado la vulgaridad.
* <sup>(95)</sup>.  Soy deudor al señor D. Francisco Pérez SedanoYa confiesa el mismo Palomino en el preludio que escribió, abad a las ''vidas de santa Leocadialos pintores'', canónigo cuanto le sirvieron estos manuscritos de Valle y Alfaro; y dignidad aunque dice del primero, “que por ser tan desaliñado (como no era de la catedral de Toledoprofesión) ha sido menester fundirlo para vaciarlo&quot;, de la generosidad con que me remitió un cuaderno de tomó tan exactamente sus noticias , que había sacado con mucha detención y cuidado por largo espacio de tiempo sin embargo del archivo de su santa iglesiadesaliño, del que resultan más de doscientos profesores de mucho mérito que trabajaron en el adorno de aquel gran templo, cuyas obras estaban atribuidas a unos pocos de gran nombre: lo soy copió al señor D. Buenaventura Moyano, ahora canónigo de Toledo, y gobernador de este arzobispado, pie de la diligencia que puso en extractar los autos capitulares letra las vidas de la catedral Juan de ÁvilaToledo, cuando era lectoral de ella: al señor D. Romualdo Mon y VelardeEscalante, deán de CórdobaCárdenas, por las noticias de su iglesiaPereda, y del racionero Céspedes: al difunto obispo de Osma el señor D. Francisco Iñigo Camilo, de Angulo por las Eugenio de Burgos, cuando era deán de aquella metropolitana; al señor D. Joaquín Márquez Villalobos por las de PalenciaCuevas, de donde fue racionero, y ahora canónigo de Sevilla: al señor D. Jacinto Roque Lorenzana, intendente de LeónAntonio Arias, por las de aquella catedral: al señor D. Alonso Cañedo Cano y Vigil, doctoral de Badajoz, por las otros de su iglesia: al señor Dtiempo. Carlos González Posada, canónigo de Tarragona, por Y más valiera que hubiese hecho lo mismo con las de su metrópoli[ta]na: al señor D. Nicolás Rodriguez LasoCristóbal Acevedo, por las de los templos Miguel de la ciudad de ValenciaCruz, Mateo Gallardo, donde es inquisidorLupicino, y por las Francisco de Barcelona y otras partes de Cataluña: al señor D. Josef Vargas PonceBurgos Mansilla, nuestro académico de S. FernandoFrancisco Gutiérrez, por las Juan de la iglesia de Murcia Licalde y de otros templos de aquella ciudadUrzanqui, que refiere Valle y de la de Cartagena: al laborioso D. Marcos Antonio de Orellanadesprecia Palomino, abogado del colegio de Valenciasiendo más acreedores a su memoria, por el extraordinario trabajo en extractar los artículos de las vidas de los artistas valencianos de una obra histórica de aquel reino que está escribiendo, y por haberlos remitido por mano de nuestra real academia de S. Fernando para insertar en este diccionario; y en fin a otros muchos aficionados interesados en el acierto de esta obra, y particularmente al excelentísimo señor D. Gaspar de Jove Llanos, que me comunicó todo lo que pudo encontrar en los monasterios e iglesias de Asturias, Castilla, la Rioja y Vizcayaa quienes elogia.
* <sup>(10)</sup>. Sin embargo del excesivo número de pinturas y dibujos, que salió de España desde antes de la mitad del siglo XVII, todavía han quedado muchos y buenos cuadros, unos dispersos por las casas de los sujetos ilustres de las provincias, y otros reunidos en colecciones por los aficionados y gentes de buen gusto. Trataré muy por encima de las que examiné. D. Antonio Murcia fue el primero que juntó en Cádiz en estos tiempos algunos originales de Murillo, Cano, Luis de Vargas, Ribera, Tristán y Orrente con otros pequeños flamencos. Siguiole el señor O’Cruley [Pedro Alonso O’Crowley], que imprimió un libro de todas sus pinturas y antigüedades, y algún otro de aquella ciudad; pero el Señor D. Sebastián Martínez, hoy vecino de Madrid y tesorero general, excedió a todos en el número, en el mérito, y en la rareza de sus lienzos. Serán muy pocos los pintores afamados que hubo en Italia, Flandes, España y aun en Francia, de quienes deje de tener alguna obra; y se distingue esta preciosa colección de las demás del reino por el costoso aumento de diseños, estampas raras, modelos, y libros de las bellas artes. Todavía quedaron en Sevilla algunas reliquias del antiguo en el palacio del duque de Alcalá, llamado casa de Pilatos. El difunto conde del Águila formó en su casa un museo de pinturas, antigüedades y libros, que se conserva en el mismo orden, y es una parte esencial del adorno de aquella ciudad. Al gabinete del señor Bruna, de quien he hablado en la nota sexta, concurren todos los viajeros a celebrar sus pinturas, sus diseños, bajos relieves, vasos etruscos, y otras antiguallas, armería, historia natural, libros rarísimos y costosas preciosidades. Al celo y buen gusto de este respetable magistrado debe Sevilla el tener dos salones públicos en el real alcázar, adornados con buenos cuadros, que fueron de los jesuitas, con torsos de estatuas antiguas, hallados en la vieja Itálica, con inscripciones romanas, y con vaciados de los mejores yesos de la academia de S. Fernando. Son también apreciables las pinturas que recogió en poco tiempo el letrado D. Francisco Mendoza y Espinosa, con su trozo de historia natural, monetario, estampas modernas y costosas, y máquinas de física. El señor Caballero y Góngora, obispo de Córdoba, había formado una escogida colección de pinturas, pero su muerte impidió el restablecimiento de las bellas artes y del buen gusto en aquella ciudad; sin embargo quedaron el Sr. D. Cayetano Carrascal, tesorero de la catedral, el canónigo D. Francisco José Villodres, y el pintor D. Antonio Torrado, que conservan cuadros de los mejores profesores de Andalucía y de otras escuelas. Vi asimismo en Granada algunos de Cano, y de otros artistas de aquella ciudad, en poder de sujetos inteligentes y aficionados ; y acaba de establecerse en ella D. Manuel Martínez con una escogida colección de pinturas, que yo había visto en Cádiz. Observé las que juntaban en Toledo y Murcia algunos canónigos de sus pintores provinciales, el Greco, Prado, Carvajal, Tristán y Loarte, Orrente, Acevedo, Villacís y Senén Vila; y en Valencia las que habían adquirido los canónigos D. Juan Antonio Mayans y D. Vicente Blasco, el inquisidor D. Nicolás Rodriguez Laso, y algunos caballeros y comerciantes de Joanes, los Ribaltas, los Zariñenas, Espinosa, y de otros artistas de aquel reino. En Madrid las casas de los Grandes conservan mucha parte de sus antiguas colecciones. La de Medinaceli las estatuas, bustos, y relieves que vinieron de la casa de Pilatos de Sevilla, varios lienzos de Van Dyck, y del Spagnoleto; la de Santiesteban los cuadros y dibujos de Jordán, y de otros extranjeros y españoles: la de Alba las tres Venus de Ticiano, Correggio y Velázquez, aunque la primera parece ser de Jordán, la sacra familia de Rafael, y otros muchos flamencos e italianos: la de Altamira las cacerías de Rubens y de Pedro de Vos: la de Villafranca los lienzos de Procaccini y las pequeñas tablas de Van Kessel y Teniers: la de Medina Sidonia los del Guercino, Van Dyck y Solimena: la de Oñate los de los Veroneses; y en fin aumentaron las suyas la de Fernán Nuñez, Santa Cruz, Osuna y Montijo. Aunque faltaron en nuestros días las copiosas colecciones del príncipe Pio, del marques de la Florida Pimentel, de D. Pedro Franco Dávila, del Abate Pico y de D. Cristóbal de Luna, que examiné en distintas ocasiones, quedaron en esta corte otros muchos aficionados que cada día aumentan las suyas. El marqués de Santiago conserva los graciosos lienzos de Murillo: el excelentísimo señor Juan Pereira y Pacheco los muchos y buenos de varias escuelas: el ilustrísimo señor D. Bernardo Iriarte los de Van Dyck, Velázquez, Mengs, Murillo, Cerezo, y de otros españoles y extranjeros afamados: el excelentísimo señor D. Gaspar de Jove Llanos el boceto en grande del célebre cuadro de la familia de Velázquez con otros lienzos de Murillo, Cano, Zurbarán, Cerezo y Carreño: D. Nicolás de Vargas la numerosa colección que cada día aumenta con inteligencia ; y en fin las escogidas de la casa de los cinco Gremios mayores, de D. Fernando Serna, del barón de Casa Davalillo, D. Josef Joaquín Jiménez Bretón, D. Pedro Roca, D. Francisco Vives, D. Andrés del Peral, y de otros.
* <sup>(6)</sup>. Este es otro manuscrito original forrado en pergamino, sin principio ni fin, foliado desde el núm. 21 hasta el 96, rubricada cada hoja con estampilla, y algunos pliegos sueltos. Contiene las ordenanzas provisionales que formaron los pintores sevillanos para el arreglo de la academia, cuando la establecieron el año de 1660 en la casa lonja de Sevilla: las elecciones de presidente (que fue el primero Murillo) y las de los demás oficios: las subscripciones de ciento treinta y ocho profesores con sus firmas originales, que se obligaron a sostener a sus expensas los gastos de aquel establecimiento; y otras constituciones, autorizadas en papel sellado, firmadas en 5 de noviembre de 1673 compuestas de siete capítulos, que prescriben el orden de los estudios. Posee este precioso manuscrito el ilustrísimo señor D. Francisco de Bruna y Ahumada, del consejo y cámara de Castilla, y decano de la real audiencia de Sevilla, entre otras curiosidades de las bellas artes, que diré más adelante, y a cuyo favor merecí poder sacar una copia y otros auxilios para esta obra.  <sup>(7)</sup>. Ocupa el primer lugar un libro que escribió en Zaragoza a mediados del siglo XVII Jusepe Martínez, pintor de Felipe IV y de su hijo D. Juan de Austria, intitulado: ''Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura, sus rudimentos, medios y fines que enseña la experiencia con los exemplares de obras insignes de artífices ilustres.'' Dejando aparte los elementos del arte, nos aprovechamos de las noticias históricas que comprehende de los profesores aragoneses y de los extranjeros que vinieron a trabajar en aquel reino. Las hizo sacar del original, que se conserva en una de las Cartujas de las inmediaciones de Zaragoza el señor D. Juan Antonio Hernández de Larrea, deán de aquella santa iglesia, celosísimo protector de los adelantamientos de la Real Academia de San Luis y de los útiles proyectos de la sociedad aragonesa, a ruego de su ilustre amigo el señor D. Felipe Ignacio Canga Arguelles, fiscal del consejo de Castilla, no menos interesado en los progresos de aquellos cuerpos, que en los de este diccionario. Siguen los documentos que acreditan los hechos que precedieron al establecimiento de la citada academia de San Luis desde que el escultor Juan Ramírez y otros profesores de Zaragoza formaron una escuela pública de dibujo; de cuando mereció la protección de los caballeros de aquella ciudad: de la formación de la junta preparatoria; y hasta que la sociedad facilitó la última mano, también debidos al señor Larrea. Los manuscritos del abad Gordillo, de D. Ambrosio de la Cuesta y Saavedra, del canónigo de Sevilla Loaisa, y de otros curiosos escritores. Los testamentos de Diego de Siloé, de Juan Fernandez Navarrete el Mudo, de Bartolomé Esteban Murillo, de Lucas Jordán y de otros varios profesores. Los trabajos inéditos de Francisco Pacheco y de Vincencio Carducho. Expedientes sobre el pleito del soldado en Valladolid: del que tuvieron los pintores con los alguaciles de corte en Madrid sobre no asistir a una procesión de semana santa, con quienes estaban incorporados en una hermandad en el colegio de santo Tomas; y en fin muchas partidas de bautismo, de casamiento y de entierro de artistas, que se buscaron para comprobación de los hechos.  <sup>(8)</sup>. Con el auxilio del señor D. Josef Gil de Araujo, lectoral de la santa iglesia de Sevilla, muy aficionado a las bellas artes, del difunto penitenciario D. Rodrigo Bernaldo de Quiros, y del erudito y laborioso archivero D. Antonio San Martin, examiné el archivo de aquella catedral, en el que hallé cuanto podía desear sobre su fábrica y ornato. Vi el del monasterio de la cartuja de santa María de las Cuevas, y los de otros conventos, hospitales y parroquias de aquella ciudad: el del monasterio de padres jerónimos de Santiponce: el de la colegiata de Olivares: los de las parroquias de Lebrija y Marchena y de otras iglesias de aquel arzobispado: el de la catedral de Segovia; los de algunos conventos e iglesias de Madrid; y extracté cincuenta y tantos tomos de reales cédulas comunicadas a la real junta de obras y bosques, que existen en la secretaría de Estado, relativas al nombramiento de profesores del rey, a las obras reales que ejecutaron desde el tiempo de Carlos V hasta mediados del siglo XVIII, a los sueldos que gozaron y al precio de sus obras, con otras noticias interesantes, que por su autenticidad deshacen mil errores, que había adoptado la vulgaridad.  <sup>(9)</sup>.  Soy deudor al señor D. Francisco Pérez Sedano, abad de santa Leocadia, canónigo y dignidad de la catedral de Toledo, de la generosidad con que me remitió un cuaderno de noticias que había sacado con mucha detención y cuidado por largo espacio de tiempo del archivo de su santa iglesia, del que resultan más de doscientos profesores de mucho mérito que trabajaron en el adorno de aquel gran templo, cuyas obras estaban atribuidas a unos pocos de gran nombre: lo soy al señor D. Buenaventura Moyano, ahora canónigo de Toledo, y gobernador de este arzobispado, de la diligencia que puso en extractar los autos capitulares de la catedral de Ávila, cuando era lectoral de ella: al señor D. Romualdo Mon y Velarde, deán de Córdoba, por las noticias de su iglesia, y del racionero Céspedes: al difunto obispo de Osma el señor D. Francisco Iñigo de Angulo por las de Burgos, cuando era deán de aquella metropolitana; al señor D. Joaquín Márquez Villalobos por las de Palencia, de donde fue racionero, y ahora canónigo de Sevilla: al señor D. Jacinto Roque Lorenzana, intendente de León, por las de aquella catedral: al señor D. Alonso Cañedo y Vigil, doctoral de Badajoz, por las de su iglesia: al señor D. Carlos González Posada, canónigo de Tarragona, por las de su metrópoli[ta]na: al señor D. Nicolás Rodriguez Laso, por las de los templos de la ciudad de Valencia, donde es inquisidor, y por las de Barcelona y otras partes de Cataluña: al señor D. Josef Vargas Ponce, nuestro académico de S. Fernando, por las de la iglesia de Murcia y de otros templos de aquella ciudad, y de la de Cartagena: al laborioso D. Marcos Antonio de Orellana, abogado del colegio de Valencia, por el extraordinario trabajo en extractar los artículos de las vidas de los artistas valencianos de una obra histórica de aquel reino que está escribiendo, y por haberlos remitido por mano de nuestra real academia de S. Fernando para insertar en este diccionario; y en fin a otros muchos aficionados interesados en el acierto de esta obra, y particularmente al excelentísimo señor D. Gaspar de Jove Llanos, que me comunicó todo lo que pudo encontrar en los monasterios e iglesias de Asturias, Castilla, la Rioja y Vizcaya.  <sup>(10)</sup>. Sin embargo del excesivo número de pinturas y dibujos, que salió de España desde antes de la mitad del siglo XVII, todavía han quedado muchos y buenos cuadros, unos dispersos por las casas de los sujetos ilustres de las provincias, y otros reunidos en colecciones por los aficionados y gentes de buen gusto. Trataré muy por encima de las que examiné. D. Antonio Murcia fue el primero que juntó en Cádiz en estos tiempos algunos originales de Murillo, Cano, Luis de Vargas, Ribera, Tristán y Orrente con otros pequeños flamencos. Siguiole el señor O’Cruley [Pedro Alonso O’Crowley], que imprimió un libro de todas sus pinturas y antigüedades, y algún otro de aquella ciudad; pero el Señor D. Sebastián Martínez, hoy vecino de Madrid y tesorero general, excedió a todos en el número, en el mérito, y en la rareza de sus lienzos. Serán muy pocos los pintores afamados que hubo en Italia, Flandes, España y aun en Francia, de quienes deje de tener alguna obra; y se distingue esta preciosa colección de las demás del reino por el costoso aumento de diseños, estampas raras, modelos, y libros de las bellas artes. Todavía quedaron en Sevilla algunas reliquias del antiguo en el palacio del duque de Alcalá, llamado casa de Pilatos. El difunto conde del Águila formó en su casa un museo de pinturas, antigüedades y libros, que se conserva en el mismo orden, y es una parte esencial del adorno de aquella ciudad. Al gabinete del señor Bruna, de quien he hablado en la nota sexta, concurren todos los viajeros a celebrar sus pinturas, sus diseños, bajos relieves, vasos etruscos, y otras antiguallas, armería, historia natural, libros rarísimos y costosas preciosidades. Al celo y buen gusto de este respetable magistrado debe Sevilla el tener dos salones públicos en el real alcázar, adornados con buenos cuadros, que fueron de los jesuitas, con torsos de estatuas antiguas, hallados en la vieja Itálica, con inscripciones romanas, y con vaciados de los mejores yesos de la academia de S. Fernando. Son también apreciables las pinturas que recogió en poco tiempo el letrado D. Francisco Mendoza y Espinosa, con su trozo de historia natural, monetario, estampas modernas y costosas, y máquinas de física. El señor Caballero y Góngora, obispo de Córdoba, había formado una escogida colección de pinturas, pero su muerte impidió el restablecimiento de las bellas artes y del buen gusto en aquella ciudad; sin embargo quedaron el Sr. D. Cayetano Carrascal, tesorero de la catedral, el canónigo D. Francisco José Villodres, y el pintor D. Antonio Torrado, que conservan cuadros de los mejores profesores de Andalucía y de otras escuelas. Vi asimismo en Granada algunos de Cano, y de otros artistas de aquella ciudad, en poder de sujetos inteligentes y aficionados ; y acaba de establecerse en ella D. Manuel Martínez con una escogida colección de pinturas, que yo había visto en Cádiz. Observé las que juntaban en Toledo y Murcia algunos canónigos de sus pintores provinciales, el Greco, Prado, Carvajal, Tristán y Loarte, Orrente, Acevedo, Villacís y Senén Vila; y en Valencia las que habían adquirido los canónigos D. Juan Antonio Mayans y D. Vicente Blasco, el inquisidor D. Nicolás Rodriguez Laso, y algunos caballeros y comerciantes de Joanes, los Ribaltas, los Zariñenas, Espinosa, y de otros artistas de aquel reino. En Madrid las casas de los Grandes conservan mucha parte de sus antiguas colecciones. La de Medinaceli las estatuas, bustos, y relieves que vinieron de la casa de Pilatos de Sevilla, varios lienzos de Van Dyck, y del Spagnoleto; la de Santiesteban los cuadros y dibujos de Jordán, y de otros extranjeros y españoles: la de Alba las tres Venus de Ticiano, Correggio y Velázquez, aunque la primera parece ser de Jordán, la sacra familia de Rafael, y otros muchos flamencos e italianos: la de Altamira las cacerías de Rubens y de Pedro de Vos: la de Villafranca los lienzos de Procaccini y las pequeñas tablas de Van Kessel y Teniers: la de Medina Sidonia los del Guercino, Van Dyck y Solimena: la de Oñate los de los Veroneses; y en fin aumentaron las suyas la de Fernán Nuñez, Santa Cruz, Osuna y Montijo. Aunque faltaron en nuestros días las copiosas colecciones del príncipe Pio, del marques de la Florida Pimentel, de D. Pedro Franco Dávila, del Abate Pico y de D. Cristóbal de Luna, que examiné en distintas ocasiones, quedaron en esta corte otros muchos aficionados que cada día aumentan las suyas. El marqués de Santiago conserva los graciosos lienzos de Murillo: el excelentísimo señor Juan Pereira y Pacheco los muchos y buenos de varias escuelas: el ilustrísimo señor D. Bernardo Iriarte los de Van Dyck, Velázquez, Mengs, Murillo, Cerezo, y de otros españoles y extranjeros afamados: el excelentísimo señor D. Gaspar de Jove Llanos el boceto en grande del célebre cuadro de la familia de Velázquez con otros lienzos de Murillo, Cano, Zurbarán, Cerezo y Carreño: D. Nicolás de Vargas la numerosa colección que cada día aumenta con inteligencia ; y en fin las escogidas de la casa de los cinco Gremios mayores, de D. Fernando Serna, del barón de Casa Davalillo, D. Josef Joaquín Jiménez Bretón, D. Pedro Roca, D. Francisco Vives, D. Andrés del Peral, y de otros.  <sup>(11)</sup>. Dice la nota XII del citado elogio al folio 160: “Entraría yo gustoso a investigar las causas de esta revolución, y a señalar su principio y progresos más detenidamente, sino supiese que me ha precedido en este empeño uno de aquellos literatos, que nada dejan que hacer a otros en las materias que ilustran, y cuyas obras llevan siempre sobre sí el sello de la perfección. El público tendrá algún día acerca de este punto y los demás relativos a nuestra arquitectura en las épocas de su restauración y última decadencia mucho más de lo que puede esperar, cuando el sabio y modesto autor de la obra intitulada: ''Noticia de los arquitectos y arquitectura de España desde su restauración'', le haga participante del riquísimo tesoro que encierra. Los hechos y memorias más exactos: las relaciones más fieles y completas; los juicios más atinados e imparciales se encuentran allí escritos en un estilo correcto, inelegante y purísimo, apoyados en gran copia de documentos raros y auténticos, e ilustrados con mucha doctrina y muy exquisita erudición. Por eso nos abstenemos de propósito de entrar en tales indagaciones; pero mientras nos dolemos de que la nación carezca de esta preciosa obra, que un día le hará tanto honor, queremos tener el consuelo de anunciársela, anticipando al público tan rica esperanza, y al autor este sincero testimonio de aprecio y gratitud, a que su aplicación y talentos le hacen tan acreedor.

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