Palomino de Castro y Velasco, Acisclo Antonio

De Diccionario Interactivo Ceán Bermúdez
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Palomino y Velasco (don Acisclo Antonio) pintor. Cuando tratamos de averiguar los hechos de nuestros artistas, ninguno más acreedor a estas indagaciones que don Antonio Palomino, que por el cuidado que puso en recoger, cual otro Vasari, los de sus predecesores. Nació en la ciudad de Bujalance [ Córdoba ] el año de 1653, y fueron sus padres don Bernabé Palomino y doña María Andrea Lozano. Era de muy corta edad cuando se trasladaron con su casa y su familia a Córdoba con el deseo de darle una educación correspondiente a su clase. Estudió gramática, filosofía, teología y jurisprudencia; pero llevado de su inclinación a la pintura, se ocupaba algunos ratos en copiar papeles y estampas.


El año de 672 el pintor don Juan de Valdés Leal volvió de Sevilla a Córdoba su patria, y Palomino le enseñó lo que dibujaba viendo Valdés su afición y buena disposiciones, le dictó algunas reglas fundamentales, sobre las que don Antonio se fijó y dio principio al estudio de la pintura, reconociéndole por su único maestro. Desde entonces se dedicó con más ahínco y dedicación a este arte, haciendo cada día muy rápidos progresos, pero sin abandonar la carrera de las letras, por la que mereció que don Francisco de Alarcón y Cobarrubias, obispo de aquella diócesis le ordenase de menores.


En 675 volvió también a Córdoba desde Madrid don Juan de Alfaro, hijo de aquella ciudad, y habiendo examinado lo que pintaba Palomino, le agradó mucho, y le animó a seguir sin decaimiento; y para que sus progresos fuesen más sólidos, le aconsejó pasase a la corte, donde con el ejemplo de tantos y tan buenos profesores llegaría a ser otro igual a ellos, ofreciéndole su recomendación para con sus amigos y protectores. No se determinó por entonces a abandonar sus estudios y permaneció en Córdoba hasta el año de 78, en que volviendo Alfaro por la tercera vez a aquella ciudad, aceptó las cartas de favor y otras que le dio, mandando le dejasen acabar las obras que él había dejado principiadas: prueba de lo adelantado que estaba Palomino en la pintura, y cuan determinado a seguirla, aunque hay quien asegure que vino entonces a Madrid con animo de pasar a Roma a pretender una prebenda eclesiástica; pero esto no lo dice él en su Museo pictórico, como lo demás que aquí referimos.


Establecido en la corte es regular se valiese del favor de este su paisano, y consta que en 680 concluyó los cuadros que había dejado bosquejados por su muerte, habiéndolo encargado así Alfaro en su testamento [ retrato de don José Íñiguez de Abarca, Concepción Inmaculada, Entierro de Cristo ]. Como don Antonio se hubiese dedicado algún tiempo en Córdoba a la lectura de los libros de matemáticas, sabiendo que se enseñaban en el colegio imperial, y juzgándolas muy necesarias para la pintura, las estudió con aprovechamiento con el padre Jacobo Kresa.


Reconocido y acreditado entre los profesores de Madrid, y estimado de don Juan Carreño, pintor de cámara, se casó con doña Catalina Bárbara Pérez, hija del enviado a los Cantones; y con motivo de haber sido nombrado alcalde de la Mesta, se recibió en la villa por hijodalgo. También mereció la estimación de Coello, y habiendo este vuelto a Madrid del Escorial el Año de 86, donde pintaba el famoso cuadro de la santa Forma, a disponer la traza de lo que se había de pintar en el techo de la galería del cierzo en el cuarto de la reina, propuso al rey que Palomino podía seguir pintando en aquella obra: S. M. lo aprobó, y el conde de Benavente, su protector, se lo avisó al instante. Comenzaron ambos a pintar algunos pasajes de la fábula de Psíquis y Cupido, y acabadas algunas tareas, volvió Coello al Escorial, y quedó solo don Antonio hasta su entera conclusión, que fue muy a gusto del rey, de toda la corte y de los inteligentes.


De tan buen desempeño resultó obtener la plaza de pintor del rey sin sueldo, que se le confirió por real orden de 3o de agosto de 88, y hasta el 21 de abril de 98 no logró los gajes de ella, por otras obras de consideración en que sirvió a S. M., cual fue haber dispuesto la traza del ornato de la plazuela y fuente de la villa en la solemne entrada que hizo en Madrid doña María Ana de Neoburg el año de 90 cuando vino a casarse con Carlos II.


Testigo de la llegada de Jordán [ Giordano ] a la corte en 92, lloró la muerte de su gran amigo Coello; y cuando aquel se hallaba muy ofuscado con los asuntos, que un eclesiástico le daba para pintar las bóvedas del Escorial, el rey nombró a Palomino para que se los fuera sugiriendo con arreglo al texto y al arte, lo que hizo con tanto placer de Jordán [ Giordano ], que los besaba y decía: “estos sí que vienen ya pintados" En 93 trazó don Antonio lo que un discípulo suyo pintó de claro oscuro en el patio del hospital del Buen Suceso [ hospital de la corte con la denominación de Nuestra Señora del Buen Suceso en la Puerta del Sol ], cuyos asuntos son elogios del emperador Carlos Vy retratos de Carlos II y de su mujer [ Marina de Neoburg ]; y en 96 pintó en la real armería [ frente al palacio Real ] los tableros de dos calesines en que habían de ir los reyes a los sitios reales.


Pasó a Valencia en 97 a pintar al fresco el presbiterio de la iglesia de San Juan del Mercado: volvió a Madrid en 98, y entonces logró los gajes, como ya dijimos, de pintor del rey. En 99 y 7oo pintó las bóvedas de la propia iglesia de san Juan del Mercado, obra que le dio mucha opinión por su magnitud, por la erudición con que dispuso los asuntos, por la franca manera con que están pintadas. Pintó el año siguiente la bóveda de la capilla de nuestra señora [ Virgen ] de los Desamparados en aquella ciudad, y trazó [ diseño ] lo que pintó su discípulo Dionis Vidal en las de la parroquia de san Nicolás. Hizo entonces el buen cuadro de la confesión de san Pedro, que esta en el retablo de la capilla del sagrario de aquella catedral [ Valencia ], y pintó al fresco las paredes de la misma capilla [ del sagrario ]. Trató en aquella larga residencia a los profesores de Valencia, y particularmente al canónigo Victoria y a Conchillos, quien le acompaño en varios viajes y romerías que hizo por aquel reino.


De Madrid paso a Salamanca en 705 a pintar al fresco el medio punto en que termina la bóveda del coro del convento de san Esteban, y representó en él la iglesia militante y triunfante con muchas alegorías. Restituido a su casa permaneció en ella pintando muchas obras, que diremos al fin, y trabajando el primer tomo del Museo pictórico, pues aunque no le publicó hasta el año de 715, tenía la censura del padre Alcázar y la licencia del ordinario en el de 708.


En 712 pintó la cúpula del sagrario de la cartuja de Granada, en la que figuró una gloría con muchos ángeles y santos, en el medio a san Bruno sosteniendo el mundo sobre sus hombros y el sacramento en lo alto con serafines. Fue muy obsequiado del escultor del rey don José de Mora, que se había retirado a aquella ciudad. Se detuvo en Córdoba el año de 713, adonde no había vuelto desde el de 678. Sus paisanos procuraron ocuparle en obras de importancia; pero la necesidad de volver presto a Madrid, no le permitió pintar otras que los cinco cuadros del altar mayor de la catedral [ de Córdoba ], pues los demás [ cuadros ] que hay de su mano en la sacristía los acabó en la corte.


Pintó aquí los jeroglíficos y adorno del túmulo que se levantó para las honras de la reina dona María Luisa de Saboya, que falleció en 14 de febrero de 1714,y dio a luz en 15 el citado primer tomo del Museo pictórico. Fue muy celebrado de todos los profesores é inteligentes; y aunque deseaban ver prontamente el segundo, el autor, que conocía muy bien las dificultades que tenía que vencer para la adición de las vidas de los pintores y estatuarios españoles, se tomó el tiempo necesario, y no le publicó hasta el año de 24. Mientras se grababan las láminas pasó el de 23 a la cartuja del Paular, y pintó al fresco las cúpulas y pechinas del sagrario.


Principio a padecer en su salud en aquel monasterio, como dice una carta original de su puño, que tenemos a la vista escrita desde allí el día 3 de setiembre de 724 al padre prior don José de san Bruno, que estaba ausente: "Yo padre reverendísimo. (dice) he tenido la desgracia de haber padecido algún quebranto en mi salud desde que vine a esta santa casa, pues si al principio me asaltó una erisipela [ infección en la piel ] en la pierna derecha, y no bien convalecido de ella me dieron unas tercianas [ fiebres ], que me dejaron muy mal parado, respecto de lo cual he llamado a mí hijo para que me ayude, y se han concluido las medallas de los dos medios puntos de las ventanas de la cúpula del sagrario, y vamos caminando con la cúpula grande de la Virgen, y a lo que parece muy a gusto de esta santa comunidad, a quien procuraré complacer en todo lo que mi corta suficiencia alcanzare."


Habiendo fallecido su mujer el día 3 de abril de 725, en muy poco tiempo recibió los órdenes sagrados hasta el del sacerdocio, que no pudo disfrutar muchos días, pues que don Antonio fue enterrado el día 13 de agosto del año siguiente en la misma sepultura de la mujer en la iglesia de la orden tercera del convento de San Francisco [ antiguo convento de San Francisco de Observantes, vulgo San Francisco el grande, en frente de la carrera de San Francisco ] en Madrid, según todo consta del archivo de la misma orden tercera, de que era entonces discreto, y vecino de la parroquia de San Andrés [ en la plazuela de San Isidro ]; y se celebró el funeral con la pompa correspondiente a sus circunstancias, a su mérito y fama.


El de sus pinturas corresponde a lo mejor que se hacia en su tiempo en España y acaso en otros reinos. Tienen corrección de dibujo, y aunque los carácteres de las figuras son comunes e innobles, procuró darles decoro, y vestirlas con propiedad: el colorido es bueno y acordado, y sus composiciones ostentan su erudición en las facultades que había estudiado, y manifiestan que sabia la perspectiva, la anatomía y la utilidad que había sacado de las matemáticas. Las obras grandes que pintó al fresco en Valencia, Granada, Salamanca y el Paular le dieron buen nombre; pero lo que más aumentó su fama fue la obra del Museo pictóricoy escala óptica, en que desenvolvió todos los elementos del arte de la pintara con método y claridad, y dio reglas sencillas para la practica, autorizándolo todo con muchas exposiciones de otros autores. Las vidas de los pintores españoles, que forman un tercer tomo, unido al segundo, le dieron todavía más crédito, pues además de ser el primero que las publicó, son a la verdad recomendables por cuanto nos dan razón de unos sujetos y de unos hechos que hubieran quedado sepultados en el olvido, como los dejaron otros escritores que le precedieron, y de quienes se valió, por no haberlos dado a luz. Ya hemos dicho en el prólogo los defectos en que le hicieron incurrir en esta obra la bondad de su carácter y el mal gusto de su tiempo.


Sin embargo de estos defectos El Parnaso español pintoresco laureado con las vidas de los pintores y estatuarios eminentes españoles ha sido apreciado de los extranjeros, pues que los ingleses publicaron en su idioma en Londres un compendio de esta obra el año de 1744; y los franceses otro en el suyo en París el de 749. Y el de 746 se imprimió en Londres en castellano un libro intitulado: Las ciudades y conventos de España , donde hay obras de los pintores y estatuarios eminentes españoles, puestas en arden alfabético, y sacadas de las vidas de Palomino y de la descripción del Escorial, hecha por el padre Santos, todos en octavo.


Don Antonio Palomino hizo ver en este tercer tomo, y en los dos de su Museo pictórico el amor a las bellas artes, y su celo en promoverlas en el reino; no siendo menos laudable el que puso en la conservación del lustre y prerrogativas del arte de la pintura, recogiendo con extraordinaria diligencia todas las ejecutorias ganadas en su favor, que acreditan su dignidad, sus franquicias y privilegios, las que protocolo en el oficio de Juan Mazón de Benavides, escribano de número de la villa de Madrid, el día 12 de septiembre de 696, quedándose con testimonio auténtico de todas ellas, con el fin de que después de su muerte pasase a poder del primer pintor de cámara, no habiendo alguno de su familia que fuese pintor, porque habiéndole debería ser preferido en esta posesión, con el objeto de que cuando en razoón de lo que contienen se suscitase alguna duda, hubiese un fácil recurso para deshacerla, y en ninguna manera se entorpeciesen el honor y privilegios, que a tanta costa adquirió esta profesión. Las pinturas públicas que se conocen de su mano son las siguientes:


MADRID


SANTA ISABEL [ COLEGIO DE SANTA ISABEL DE MOJAS DE SAN AGUSTÍN EN LA PLAZUELA DE SANTA ISABEL ]

-El Salvador [ Cristo ], san Pedro [ apóstol ] y san Pablo en el tabernáculo del altar mayor.


SAN JUAN DE DIOS [ HOSPITAL DE ANTÓN MARTÍN DE PADRES SAN JUAN DE DIOS EN LA PLAZUELA DE ANTÓN MARTÍN ]

-Los cuatro evangelistas [ Mateo, Marcos, Lucas y Juan ] y cuatro asuntos de la vida de la Virgen al fresco en la capilla de nuestra señora [ virgen ] de Belén, y al óleo el Salvador [ Cristo ] del tabernáculo.


TRINIDAD CALZADA [ CONVENTO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE PADRES TRINITARIOS CALZADOS EN LA CALLE DE ATOCHA ]

-La venida del Espíritu santo, y el sueño de san José, en dos postes del cuerpo de la iglesia.


SAN MILLÁN [ ANEXO DE LA PARROQUIA DE LOS SANTOS JUSTO Y PASTOR EN LA CALLE DE TOLEDO ]

-La [ Inmaculada ] Concepción en su altar.


SAN CAYETANO [ CONVENTO DE SAN CAYETANO DE PADRES TEATINOS EN LA CALLE DE EMBAJADORES ]

-En la sacristía un cuadro pequeño.


SAN ISIDRO EL REAL [ COLEGIATA DE SAN ISIDRO EL REAL, ANTIGUO COLEGIO IMPERIAL DE LA COPAÑÍA DE JESÚS E IGLESIA DE SAN FRANCISCO JAVIER, EN LA CALLE DE TOLEDO ]

-El techo de la antesacristía, que representa el triunfo de san Francisco Xavier [ Javier ] con mucha composición de figuras alegóricas: en la misma pieza al óleo dos cuadros de san Pedro y san Pablo del tamaño del natural, y cuatro figuras más pequeñas de asuntos sagrados: otro grande en la sacristía, en el que se representa a san Ignacio dando la comunión a santa Teresa.


SAN PEDRO [ PARROQUIA DE SAN PEDRO EN LA CALLE DEL NUNCIO. U HOSPITAL DE SAN PEDRO, DE LOS NATURALES DE ESTA CORTE EN LA CALLE DE LA TORRECILLA DEL LEAL ]

-San Joaquín, santa Ana y la Virgen en un altar cerca del mayor.


MONJAS DE DON JUAN DE ALARCÓN [ CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN DE MONJAS MERCENARIAS DESCALZAS EN LA CALLE DE LA PUEBLA VIEJA ]

-Algunos cuadros en el altar del Cristo, y otros [ cuadros ] en él de frente.


LA VICTORIA [ CONVENTO DE LA VICTORIA DE LA ORDEN DE SAN FRANCISCO DE PAULA EN LA CARRERA DE SAN JERÓNIMO ]

-San Miguel en el colateral del lado del evangelio; y los desposorios de san José en la antesacristía.


BUEN SUCESO [ HOSPITAL DE LA CORTE CON LA DENOMINACIÓN DE EL BUEN SUCESO EN LA PUERTA DEL SOL ]

-la traza y dibujo de las pinturas [ que un discípulo suyo pintó ] de claro oscuro en el patio, [ cuyos asuntos son elogios del emperador Carlos V y retratos de Carlos II y de su mujer Mariana d eNeoburg ].


BUEN RETIRO.

-Algunos cuadros de su mano en una pieza de paso a la galería del casón [ el Fuego, el Aire, ].


CASA DEL AYUNTAMIENTO [ EN LA PLAZUELA DE LA VILLA ]

-Representó en la bóveda de la primera pieza del oratorio a nuestra Señora [ Virgen ] en gloria con algunos santos españoles: varias figuras alegóricas debajo de la cornisa, tres pasajes de la vida de san Isidro, los cuatro doctores de la iglesia [ san Ambrosio, san Gregorio, san Agustíny san Jerónimo ], y los retratos de Carlos II y su mujer [ Mariana de Neoburg ]: en la segunda la asunción de la Virgen, cuatro virtudes en las pechinas, y una visión del Apocalipsis enfrente de la ventana, todo al fresco: el Padre eterno sobre el altar preservando a la Virgen de la culpa original, san Joaquín y santa Ana abrazándose a un lado, y un ángel a otro, la pintura y ornatos al fresco del salón de verano.


ACADEMIA DE SAN FERNANDO [ EN LA CALLE DE ALCALÁ ]

-Una [ Inmaculada ] Concepción que estaba en el colegio de los jesuitas de Córdoba.


PAULAR

CARTUJA

-Las cúpulas y pechinas del sagrario


TALAVERA

COLEGIATA

-Un san José con el niño en la sacristía


SANTA MARÍA DE LAS CUEVAS

CARTUJA

-Una Concepción en la capilla del Cristo


SEVILLA


CLÉRIGOS MENORES

-San Dionisio del tamaño, o mayor que el natural, en el presbiterio al lado del evangelio


SAN JUAN DE DIOS

-la virgen de los Dolores en el altar del Cristo.


CUENCA

SAN VICENTE, PARROQUIA

-La virgen de Pilaren un cristal


SAN FELIPE NERI

-Nuestra señora [ virgen ] del Carmen en el presbiterio


SALAMANCA

SAN ESTEBAN

El freso del testero del coro, ya explicado


SIGÜENZA

COLEGIO DE SAN ANTONIO

-El cuadro de san Antonio de Padua en el retablo de su capilla


GRANADA

CARTUJA

-La pintura la fresco de la cúpula del sagrario


VALENCIA


CATEDRAL

-Las de la capilla de San Pedro en su retablo al óleo, y las de las paredes al fresco, excepto las de la cúpula y lunetos, que son del canónigo Victoria


NUESTRA SEÑORA DE LOS DESAMPARADOS

-La bóveda en que representó la beatísima [ santísima ] Trinidad con la Virgen y los bienaventurados repartidos con buen orden.


SAN JUAN DEL MERCADO

-Todas las bóvedas de la iglesia con asuntos de la vida de los santos san Juan Bautista y Juan Evangelista, y con mucha composición de figuras alegóricas.


SAN NICOLÁS

-El diseño y traza de lo que pintó en las bóvedas de esta iglesia su discípulo Dionis Vidal, relativo a la vida de san Nicolás de Bari y de san Pedro mártir, titulares de esta parroquia.


CÓRDOBA


CATEDRAL

-Los cinco cuadros grandes del retablo mayor, que representan la asunción de la Virgenen el medio, y en los intercolumnios cuatro santos el obispado [ de Córdoba ]: el martirio de san Acisclo, y santa Victoria, san Fernando conquistador de la ciudad, y una aparición del venerable sacerdote Roelasen la sacristía.



SAN FRANCISCO

Una Sacra [ Sagrada ] familia y un Salvador [ Cristo ] en la capilla de Veracruz.


Junta de Obras y Bosques, Palomino, Ponz, Manuscrito.

(Tomo IV, pp. 29-41)




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Inmaculada - Palomino y Velasco, Acisclo Antonio Óleo sobre lienzo Siglos XVII-XVIII Biblioteca de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
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