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{{Autor:header}}'''Herrera''' (Francisco de) el viejo, pintor. Nació en Sevilla por los años de 1576, y no pudo ser discípulo de Pacheco, como dice Palomino sino su condiscípulo en la escuela de Luis Fernández. Fue el primero que sacudió en Andalucía la manera tímida que conservaron por mucho tiempo nuestros pintores españoles, y se formó un nuevo estilo, que manifiesta el genio nacional. A él debe el suyo don Diego Velázquez que le inspiró con su enseñanza, antes de pasar a la de su suegro Pacheco, quien no pudo mitigarle con sus preceptos y detenida manera.
Es increíble el furor, digámoslo así, con que Herrera ejercía su profesión. Dibujaba con cañas y pintaba con brochas, de manera que sus estilo iba de acuerdo con su carácter. Mientras la rigidez de su trato ahuyentaba de su escuela a los discípulos, la presteza y manejo con que despachaba las obras, le traían otras nuevas. He oído muchas veces contar a los pintores viejos de Sevilla, que cuando no tenía discípulos, que era muy frecuente, mandaba a su criada bosquejar los lienzos, quien los embarraba con brochones o escobas, y antes que se secasen los colores, formaba él con una brocha las figuras y ropajes.
Parece que con esto se describe un pintor puramente práctico, cuya inteligencia no pasa de la buena y franca ejecución de las cabezas y paños, como lo confirman las más de sus obras; pero el cuadro del [[334480|''juicio [ final ] universal'']]que pinto pintó para la iglesia de San Bernardo, ayuda de parroquia de la catedral de Sevilla, es un testimonio de cuan bien entendía las porciones y anatomía del cuerpo humano, hasta qué punto la corrección del dibujo, el arte de la composición, el contraste de las figuras, el equilibrio de los grupos, el acorde las tintas y colorido y lo sublime y filosófico de la expresión, bien que sin pasar la línea de naturalista, como se debe suponer a los que no estudiaron el antiguo. Es admirable en este cuadro la gloria en que aparece el recto Juez, rodeado de los apóstoles, la gallardía de san Miguel, el efecto que hacen las espaldas de los réprobos, que llenos de confusión y dolor, cubriendo sus rostros, van caer precipitados en el infierno, mientras se observa en el semblante de los buenos, el placer, el respeto y el reconocimiento.
Se engañan los que afirman que nuestros pintores españoles no sabían pintar sino paños y cabezas: dedicados a representar asuntos sagrados, las leyes del decoro y la decencia les prohibían usar del desnudo con aquella libertad que exigen los fabulosos; pero cuando les permitían descubrirle, manifestaban sus conocimientos en la anatomía, e imitaban con verdad la naturaleza. Sin salir de los templos de Sevilla lo demostraron Pacheco en el [[870275|''juicio [ final ]'']] que hay de su mano en las monjas de Santa Isabel, [[Q27RUAS9QNAB361|''Roelas'']] en el de Santo Tomás, [[4YI3Q1Z9KBN651D|''Zurbarán'']] en el claustro pequeño de la Merced Calzada, [[7U660VQ6K45S5ZW|''Murillo'']] en la iglesia de La Caridad, Varela en la parroquia de San Vicente Mártir, y Herrera el viejo en este cuadro.
Volvió á su casa muy contento, pero sin poder corregir la dureza de su trato con los discípulos y hasta con sus propios hijos. Todos le abandonaron: don Francisco el hijo menor le robó el dinero que tenia y se huyó a Roma; y la hija se entró religiosa. Desembarazado de su familia, y después de haber pintado varias [[632770|''obras públicas'']] y los cuatro [[276794|''lienzos'']] grandes que están en el salón del palacio arzobispal el año de 1647, partió a Madrid el de 50, donde residió con crédito hasta el de 56, en que falleció y fue enterrado en la parroquia de san Ginés [ en la calle Bordadores ].
Si Herrera hubiera tenido mejor maestro y otros principios, sería igual a los buenos pintores boloñeses, pues hay en sus obras gran efecto sobre grandes masas de color, como en las de Guercino, Caravaggio y Ribera. Son muy apreciables los [[108188|''bodegoncillos [ bodegones ]'']] de su mano, de que había muchos en Sevilla, y hoy raros, por haberlos llevado los extranjeros. La [[627143|''bóveda'']]de la iglesia de san Buenaventura es una prueba de su desembarazo y buen gusto en pintar al fresco: había otras [[479652|''[ obras al fresco ]'']] de este género en aquella ciudad, que perecieron por la intemperie y por la mala preparación de las paredes en que estaban pintadas: tal era la [[147145|''fachada de la portería'']] del convento de la Merced, de que hay [[168274|''estampa'']] grabada de su mano al agua fuerte y a lo pintoresco, y otra de un [[596028|''san Pablo'']]. Así son su [[728262|''dibujos'']] hechos con cañas, de los que conservo una buena parte y demuestran su saber, su desenfado y su genio. Las pinturas públicas más conocidas son estas.
'''''San Buenaventura'''''
-Cuatro grandes lienzos historiados de la [[898149|''vida [ san Buenaventura ]'']] del santo doctor, colocados en el cuerpo de la iglesia al lado del evangelio y en frente de otros cuatro [ [[BDAV25365L6H960|''cuadros'']] ]de igual tamaño pintados por Zurbarán.
'''''San Antonio'''''